«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).

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martes, 27 de julio de 2010

Julio-1937: Cáceres bajo las bombas del Frente Popular

El Sol, Madrid, 20-diciembre-1936

 
La lucha aérea durante la Guerra Civil pasa por tres etapas:

1.- Los primeros días se vuela con el material existente, caduco y apenas preparado para una guerra de larga duración. Los combates podían recordar a los de la Primera Guerra Mundial: pocos enfrentamientos por la escasez de material y falta de aviadores.

2.- Al poco de estallar el conflicto ambos bandos se lanzan a la búsqueda de material aéreo más adecuado a sus necesidades, se inicia así la segunda fase en la cual el Gobierno republicano se apoya directamente en Francia, que comienza el suministro de aviones más modernos, los Dewoitine y Loire (como cazas) y los Potez (como bombarderos), mientras que los sublevados logran el apoyo, casi a la vez que los gubernamentales, de Italia y Alemania que les suministran aviones de transporte (Savoia-81 y Junker-52, susceptibles de ser empleados como bombarderos) para realizar el traslado de las tropas por el aire a través del estrecho. Poco después llegaban los primeros cazas, los Fiat CR 32 y los Heinkel 51 que bien administrados permitieron a los nacionales pasar de la inferioridad al dominio del aire desde Talavera de la Reina (comienzos de septiembre-1936) y facilitaron el rápido avance hacia Madrid.

3. En la tercera fase llegan al bando frentepopulista los suministros de procedencia soviética que les permiten obtener la superioridad en el aire y se consigue detener el avance de las tropas nacionales en las mismas puertas de la capital de España.
 
Este desequilibrio fue poco a poco igualado superado hasta tal punto que en el momento en que se combatía en Brunete (julio-1937) lograban las alas Nacionales el dominio del Aire que no se dejarían arrebatar ya en toda la guerra. Durante la campaña del Norte (hasta octubre del mismo año) actuaron muy lucidamente tanto las escuadrillas españolas como las italianas y alemanas con marcada supremacía aérea ya que en la región norteña tuvieron los nacionales por primera vez en la campaña superioridad numérica en aviones sobre los republicanos. En la Batalla del Ebro (julio/noviembre-1938) la Aviación nacional dio su máximo rendimiento. Todo avance de las tropas de tierra era precedido por fuertes bombardeos aéreos seguidos inmediatamente por una acción de las unidades de asalto o ametrallamiento.
 
La Aviación durante nuestra guerra vio la transición del avión biplano al monoplano, desarrollándose nuevas tácticas de combate aéreo que se realizan a mayor velocidad y altura, se verificó el aumento del potencial de fuego de los cazas y se ejecutaron los primeros bombardeos de poblaciones como elemento de castigo hacia la población civil.
 
Operaciones militares y bombardeos en la retaguardia
Si bien durante la Primera Guerra Mundial ambos bandos habían bombardeado ciudades de la retaguardia enemiga, fue durante la Guerra Civil Española cuando se generalizó esta práctica, prevista en las doctrinas que sobre el poder aéreo se desarrollaron en Europa y en Estados Unidos en la época de entreguerras. En este último sentido es importante la distinción entre bombardeo táctico y estratégico. Bombardeo táctico es aquel en el que las fuerzas aéreas intentan derrotar al enemigo en una batalla en particular (en muchas ocasiones cooperando con otros elementos de las fuerzas armadas), mientras que el bombardeo estratégico es aquel en el que el objetivo es derrotar al enemigo en la guerra, realizando para ello una campaña de envergadura que mine poco a poco los recursos del adversario (ya sea su capacidad industrial, la moral de sus ciudadanos en retaguardia o cualquier otro procedimiento).

El bando republicano fue el primero en bombardear ciudades, de forma que antes de finalizar el mes de julio de 1936 ya habían sido bombardeadas Zaragoza, Córdoba, Sevilla y otras, según se reconoce en sus propios partes oficiales de guerra. Ahora bien, mientras que el Gobierno republicano inició una activa campaña propagandística internacional frente a los bombardeos nacionales, que llegó incluso al Vaticano, la propaganda nacional, mucho menos preocupada por estas materias, sólo acertó a responder tardíamente con unos folletos que registran menos bombardeos y muertos que los que hubo realmente .
La Ofensiva Nacional sobre Vizcaya (31-marzo a 29-junio-1937) supuso un duro revés para el Gobierno republicano pues suponía la incorporación a la España de Franco de las zonas más importantes en recursos minerales e industria estratégica. La única manera de evitar este desastre era crear ataques de diversión y quebrantadores contra otros frentes. Tal era una de las razones principales de la primera gran ofensiva de la República, en Brunete (del 5 al 25 de julio de 1937).
Una respuesta secundaria menos conocida fue una campaña de bombardeos contra ciudades de la retaguardia nacional, iniciada poco después del comienzo de la campaña del Norte y antes de los ataques a Durango y Guernica. Por ejemplo, el 12 de abril un avión bombardeó Valladolid y la carga cayó sobre varias casas próximas a la Academia de Caballería y una escuela en el momento en que salían de ella los niños. Murieron 30 personas y hubo 100 heridos, algunos de los cuales fallecieron más tarde . Palma de Mallorca, Granada, Sevilla, Talavera de la Reina, Burgos, Alba de Tormes (Salamanca), Navalcarnero, Segovia, Cantalejo (Segovia), Cáceres, Córdoba, Daroca y Calatayud (Zaragoza), Miranda de Ebro, Granada, Zaragoza … serían, entre otros, las ciudades convertidas durante los meses de abril a diciembre de 1937 en objetivo de la Aviación republicana que causó centenares de víctimas entre la población no-combatiente.
El Bombardeo de Cáceres
La incursión aérea contra la ciudad de Cáceres fue organizada durante la batalla de Brunete que se venía desarrollando en las inmediaciones de Madrid durante el mes de julio de 1937. En la mañana del 23 de julio cinco de los aviones de bombardeo soviéticos llamados Katiuskas sobrevolaron la ciudad sobre las nueve y media de la mañana, descargando sobre su núcleo urbano dieciocho bombas que afectaron a lugares como el Mercado de Abastos, Instituto de Enseñanza Media, Gobierno Civil, Plaza de Santa María, calles Santi Espíritu y Nidos y traseras del cuartel de la Guardia Civil. De poco habían servido las medidas preventivas que se habían tomado días antes de producirse la agresión por parte del Gobernador Militar y del alcalde. Así, en la Plaza Mayor, la noche del 22 de julio se trabajaba activamente en la colocación de sacos terreros.

Especialmente dramáticas fueron las circunstancias ocurridas en la Plaza de Santa María. Unos cacereños murieron postrados ante la Patrona pues la Virgen de la Montaña se encontraba en la hoy Concatedral de Santa María; otros cuando abandonaban el Templo y otros al dirigirse a él. El Obispo Fray Francisco Barbado Viejo, con sus ropas manchadas por los cascajos y la sangre de los heridos, se adentró entre las ruinas para confortarlos y auxiliar en los últimos momentos a los más graves. Grave confusionismo reinó también en el Mercado de Abastos por la aglomeración existente en el mismo al estallar en sus proximidades algunos explosivos.
Dos de estas bombas cayeron frente a una de las puertas de Santa María y su metralla cruzada penetró en la Iglesia dejando sin vida o malheridos a todos los que estaban al fondo, por debajo de las pilas del agua bendita; otros murieron en la plazuela; el Palacio de Mayoralgo se vino abajo, como varios edificios de la Plaza y las traseras del Ayuntamiento, con personas muertas o heridas en todos ellos. El Obispo, el dominico Fray Francisco Barbado Viejo, con su blanco hábito cubierto de sangre, acudió a reconfortar a los heridos y a administrar la extrema unción.

La información sobre lo ocurrido en Cáceres fue recogida en el Parte Oficial de Guerra en los siguientes términos:
«La aviación enemiga, siguiendo su criminal costumbre de bombardear
poblaciones
indefensas de la retaguardia, sin finalidad militar alguna, ha
bombardeado hoy
la capital de Cáceres con cinco aviones causando muertos y
heridos en la
población civil, la mayor parte mujeres y niños. Este criminal
proceder obliga a
llevar a cabo las naturales y prontas represalias que ya
hemos tenido que
ejercer en otras ocasiones iguales
»
El Parte Oficial republicano únicamente afirmaba, con evidente escarnio de la verdad, que se habían bombardeado «diversos objetivos militares en las cercanías de Cáceres».

El resultado fueron 31 muertos y 64 heridos, cuatro de los cuales murieron después elevando a 35 el número de víctimas del bombardeo. De éstos 12 eran hombres y 23, mujeres. La víctima más joven era una niña de 4 años y la de más edad un anciano de 87. 14 de ellos pueden considerarse de edad madura, 15 eran menores de 25 años y 6 mayores de 60.

Sospechándose que esta acción formaba parte de un plan previamente trazado por el Gobierno republicano, sospecha que se iba a reforzar al descubrirse en las Navidades de 1937 el proyecto de infiltración en la propia retaguardia cacereña llevado a cabo por Máximo Calvo, las autoridades nacionales reforzaron las defensas antiaéreas en las poblaciones extremeñas mas importantes: se crearon refugios, se construyeron trincheras, se implantaron servicios de vigilancia y escuchas, instalándose sirenas que anunciaban de la presencia de aviones. Todo ello ocurría sobre todo a partir del otoño de 1937, afortunadamente los bombardeos republicanos en la retaguardia extremeña descendieron notablemente hasta que tuvo lugar la ofensiva del verano de 1938 en La Serena.

viernes, 16 de julio de 2010

La Embajada de Francia reconoce un trabajo de investigación de Moisés Domínguez sobre René Brut


El Boletín de la Embajada de Francia en España (Recherche, Développement, Innovation. La lettre du service scientifique de l’ambassade de France) ha publicado en su número de julio de 2010 una referencia del magnífico trabajo de Moisés Domínguez sobre René Brut titulado «Testimonios gráficos de la represión en la provincia de Badajoz. La leyenda y la investigación histórica sobre las escenas filmadas por René Brut», que se presentó al III Congreso Internacional sobre la II República y la Guerra Civil. La otra memoria, Madrid, CEU- Universidad San Pablo, celebrado en noviembre de 2008 y cuyas actas están en prensa.


http://historiademonesterio.blogspot.com/2010/07/la-embajada-de-francia-reconoce-un.html

martes, 25 de mayo de 2010

Imágenes de la presentación del libro: "Las matanzas de Badajoz"



Entrevista realizada a Moisés Domínguez,por Badajoz On Line, tras la presentación del libro, el pasado jueves, 20 de mayo de 2010.

lunes, 10 de mayo de 2010

Presentación del libro: "La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda"


Jueves, 20 de mayo de 2010, 21h
Plaza de San Atón de Badajoz,
Francisco Pilo, Moises Domínguez y Fernando de La Iglesia presentan el libro "La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda"

martes, 4 de mayo de 2010

García Atadell, un socialista ejecutado en Sevilla en 1937: otra víctima del franquismo



Milicia Popular. Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares
Madrid, 26 de agosto de 1936

Agapito García Atadell era un socialista responsable de las llamadas Milicias de Investigación con la que se dedicó a toda clase de robos, saqueos y asesinatos en el Madrid rojo. De sus actividades, convenientemente camufladas, daba cuenta con frecuencia la prensa.

Finalmente abandonó España acompañado de dos de sus secuaces, alegando que precisaba realizar un servicio de contraespionaje en la ciudad francesa de Marsella donde procedió a vender una partida de joyas procedentes de sus rapiñas, embarcándose a continuación con intención de pasar a América del Sur.

Al hacer escala en Tenerife, fue detenido por agentes de policía nacionales, conducido a Sevilla, sometido a juicio y fusilado.

CHECA SOCIALISTA DE GARCÍA ATADELL
(Del libro: La dominación roja en España, pp. 129-131

En el mes de agosto de 1936 el Gobierno del Frente Popular hizo numerosos nombramientos de Agentes de Policía, que recayeron casi exclusivamente en antiguos afiliados al partido socialista, como elementos de confianza para el régimen. Un numeroso grupo de estos improvisados Agentes de la Autoridad fue agregado a la Brigada de Investigación Criminal, funcionando dentro de ella de manera autónoma, bajo el mando del antiguo militante socialista Agapito García Atadell, tipógrafo, personalmente adicto a Indalecio Prieto. Este grupo socialista de nuevos Agentes de Policía bien pronto se desligó de su nominal relación de dependencia respecto de la Brigada de Investigación Criminal, y se trasladó a un hotel incautado en la calle de Martínez de la Rosa, número 1, asumiendo la denominación de Milicias Populares de Investigación de García Atadell

El personal de la «checa» se componía de cuarenta y ocho agentes, todos ellos de nuevo nombramiento, actuando como segundo Jefe Angel Pedrero García, y como Jefes de Grupo, Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt.

La Brigada de Atadell gozaba para la realización de sus tropelías no sólo de autoridad oficial, sino de la plena asistencia de la Agrupación Socialista Madrileña y de la minoría parlamentaria del partido socialista, cuyos miembros—e incluso algún Ministro socialista, como Anastasio de Gracia—acudían a visitar la «checa» y a alentar a sus componentes. La Prensa marxista publicaba continuas informaciones de elogio para la Brigada de Atadell, así como fotografías del Jefe de la misma y de la visita de personalidades políticas y parlamentarias socialistas a la «checa». (En el correspondiente anexo se insertan algunas de estas noticias y fotografías.)

Por orden del Ministro de la Gobernación rojo, Angel Galarza, fue detenida y asesinada por la Brigada de Atadell la periodista, de nacionalidad francesa, Carmen de Bati, y detenido el periodista don Luis Calamita y Ruy-Wamba, adversario político de Angel Galarza, habiendo sido extraído luego de la cárcel, por orden expresa del Director de Seguridad y asesinado dicho Sr. Calamita. (Documentos 2 a 5).

Son muy numerosos los asesinatos cometidos por la «checa» de Atadell ; pero principalmente se dedicaba esta «checa» a robos de importancia, acumulando un verdadero tesoro, buena parte del cual se llevó consigo en su huida Agapito García Atadell.

La clave de los éxitos que en su campaña persecutoria alcanzó la «checa» de Atadell se encontraba en la asidua información que sobre la ideología política y religiosa, y muy especialmente sobre la posición económica de sus futuras víctimas, le suministraba la organización sindical socialista de los porteros de Madrid, cuyos diarios informes acerca de los inquilinos eran recogidos en la propia «checa» por un Comité de miembros de la misma, también porteros de profesión.

Los detenidos por la Brigada de Atadell que eran condenados a muerte por el Comité de la «checa» eran conducidos en automóvil por los propios Agentes de la Brigada a la Ciudad Universitaria y otras afueras de Madrid, donde se les asesinaba.

Entre las muchas víctimas de la «checa» de Atadell pueden mencionarse D. Luis Chico Montes, D. Luis Rodríguez Villar, don Agustín Corredor Florencio, D. Francisco Gonzalo Herrera, D. Miguel Fermín Imaz, D. Julián Apesteguía Urra, D. Pedro Fernández Molina, D. Rafael Benjumea Medina, D. Pedro Sáinz Marqués, D. Aurelio García Contento, D. Simón Serrano Benavides, doña Emiliana Castilblánquez Amores, doña Dolores Flores Castilblánquez, D. Doroteo Céspedes Marañón, D. León López de Longoria y Morán, D. Diego Benjumea Burín, D. Antonio y D. Bernardo Vidal Díaz, D. Víctor Delgado Aranda, D. José Agulló Lloret, D. Luis García Dopico, D. Carlos Bartolomé Capelo, D. Antonio Cumellas Alsina, D. Ricardo Beltrán Flores, D. Mariano Carrascosa Jaquotot, D. Mariano Poyuelo Pollán, don Emilio Picón Hernández, D. Julio Martínez Jaime, D. Juan Galduch Guerra, D. Rafael Calvo de León y Torrado y D. José Villanueva Tormo.

A fines de octubre de 1936 Agapito García Atadell, acompañado de dos secuaces de su confianza llamados Luis Ortuño y Pedro Penabad, pretextando un servicio de contraespionaje, abandonaron Madrid con cuanto dinero y alhajas de fácil transporte obtenidas en sus saqueos pudieron llevarse, y embarcaron para Marsella, donde vendieron los brillantes que llevaban, reembarcando a continuación para América ; pero habiendo tocado el barco que los conducía en el puerto canario de Santa Cruz de la Palma, afecto al Movimiento Nacional, fueron aprehendidos Agapito García Atadell y Pedro Penabad, que sometidos a proceso, fueron ejecutados por virtud de sentencia dictada en la ciudad de Sevilla por un Tribunal militar.

La Prensa del Frente Popular, antes tan pródigo en los elogios a la Brigada Atadell, al hacerse pública su fuga profirió toda clase de insultos contra el fugitivo, publicando noticias como la que seguidamente se reproduce, que une a su violencia de lenguaje muy escasa exactitud informativa :

El periódico de Madrid Política—que en su número del 30 de Septiembre de 1936 había escrito en elogio de Atadell una crónica titulada «Organismos regenerados.—La nueva Policía de la República»—inserta en su número de 26 de noviembre del mismo año, en la primera columna de su página dos, lo siguiente : "No hay perdón para los traidores. García Atadell y sus cómplices serán traídos a España.—Valencia 25. El Subsecretario de Justicia ha manifestado que había tenido una conferencia con el Teniente Fiscal del Tribunal Supremo sobre la rápida tramitación del expediente de extradición de Agapito García Atadell y sus cómplices Penabad y Ortuño, detenidos en Francia en virtud de un servicio extraordinario, montado por la Policía española.»

Entre los documentos que se reproducen en el anexo que sigue figuran fotografías de los cadáveres de algunas de las víctimas de la «checa» de García Atadell, cuyas detenciones habían sido publicadas por la Prensa roja. También se insertan reproducciones fotográficas de los documentos—ya publicados en otra ocasión por el Gobierno español—que acreditan la activa participación de Angel Galarza en el asesinato de su adversario personal Sr. Calamita, detenido en virtud de sus órdenes por la Brigada de Atadell.

Desaparecido el jefe de la «checa», ésta se disuelve al poco tiempo, en noviembre del año 1936 ; pero, no obstante, sus principales componentes son designados en 1937 para desempeñar los mandos de los distintos departamentos del Servicio de Información Militar, creado por el Ministro de Defensa, Indalecio Prieto, que atribuyó la jefatura del nuevo organismo represivo en Madrid, a Angel Pedrero, antiguo subjefe de la «checa» de García Atadell.

Una nota en el Blog de Pío Moa



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domingo, 2 de mayo de 2010

"La chapuza del juez Garzón" por Arcadi Espada



El juez Garzón tiene un objetivo: demostrar que el general Franco y sus rebeldes tenían un plan de exterminio de buena parte de la población española. Esto es lo que aproximaría la Guerra Civil al genocidio nazi y lo que haría de la instrucción que trata de culminar un nuevo Nüremberg, aun virtual. Al juez no le bastan las evidencias fácticas de las matanzas del ejército nacional, porque podrían ser fácilmente calificadas como hechos de guerra. Necesita que antes del primer disparo algún documento pruebe que los rebeldes eran conscientes de que necesitarían matar a media España, que estaban claramente dispuestos a hacerlo y que ya lo habían planeado.


El juez busca, en realidad (y cárguese a su instrucción la moral de las analogías que vendrán), una suerte de documento de Wannsee, la conferencia de jefes nazis donde probablemente se decidió la destrucción de los judíos europeos. El magistrado ha dado legalidad a expresiones como guerra de exterminio aplicada a la Guerra Civil o crímenes contra la Humanidad aplicada a las matanzas del ejército franquista.


Es probable que cuando logre demostrar que Franco y su ejército trataron a los republicanos como Hitler a los judíos (esto es matándoles por ser republicanos, incluidos hombres, mujeres y niños, y con total independencia de su conducta) habrá dado el paso decisivo hacia la palabra que implora. La palabra es genocidio.

Los escasos documentos que el juez ha presentado sobre esta premeditación tienen poco valor, y la mayoría no pasan de ser arengas, convenientemente sedientas de sangre, pronunciadas sobre todo por la chusquería de la rebelión. Sin embargo, hay un documento que sobresale. Es la entrevista que el periodista americano Jay Allen hizo a Franco, en la ciudad de Tetuán, a finales de julio de 1936. Probablemente la primera entrevista al general después de la rebelión. Esta es la cita textual del auto del juez:


«Finalmente, el General Francisco Franco en unas declaraciones efectuadas en Tánger [no: la entrevista se hizo en Tetuán, aunque esté fechada en Tánger] el 27 de Julio de 1936 al periodista Jay Allen, del Chicago Daily Tribune dijo:

'Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio.' (12)

Allen: 'Tendrá que matar a media España', dije. Entonces giró la cabeza, sonrió y mirándome firmemente dijo:

'He dicho que al precio que sea'.

Es decir -afirma Allen- que 'estaba dispuesto a acabar con la mitad de los españoles si ello era necesario para pacificar el país'. (13)».


Para elaborar este párrafo Garzón acude, según sus palabras, a dos fuentes. Las primeras palabras de Franco las endosa a un libro publicado en 2008: Federación Guerrillera de León-Galicia. El último Frente. Resistencia Armada Antifranquista en España 1939-1952. Las últimas líneas «Es decir [...] el país» están atribuidas en lo sustancial a Santos Juliá y su libro Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999. Por el contrario las líneas centrales no tienen fuente conocida, aunque coinciden con las publicadas por la revista libertaria Rojo y negro en un documento llamado: La guerra civil fue una guerra de exterminio.


Dada la importancia de la pieza de convicción, el juez podría haber ido, directamente, a la fuente original: el artículo publicado por Allen en The Chicago Daily Tribune los días 28 y 29 de julio de 1936. Se trata de un artículo de interés. Obviamente lo primero que se desprende de su lectura es que la posibilidad de matar a media España es sugerida por el periodista: lo que en el argot del oficio se conoce por arrancar un titular y lo que ha permitido que por playas, valles y montañas mediáticos haya empezado a circular que Franco tenía previsto matar a media España. No sólo eso. Este es el diálogo original:


[Allen] «Then no truce, no compromise is possible?»

[Franco] «No. No, decidedly, no. We are fighting for Spain. They are fighting against Spain. We will go on at whatever cost».

[Allen] «You will have to shoot half of Spain», I said. He shook his head, smiled and then, looking at me steadily: «I said whatever the cost».


En el párrafo hay una expresión difícil de interpretar: He shook his head. Una frase compatible con mover, sacudir, negar, siempre con la cabeza. Un campo semántico dudoso. No parece muy verosímil que, habiéndole dicho Allen de matar a media España, Franco asintiera, sonriera (smiled) y culminara, mirándolo fijamente [looking at me steadily]: «A cualquier precio» [I said whatever the cost]. Como mínimo la sonrisa se la podría haber evitado.


Para complicar el panorama hay otra evidencia. Allen publicó una segunda versión de la entrevista en The London News Chronicle los días 29 de julio y 1 agosto de 1936. Por desgracia no he podido hallar el original inglés. Sin embargo sí dispongo de una traducción al español. Dice así el párrafo que interesa:


[Allen]: «¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España? El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: 'Repito, cueste lo que cueste'». Lo admito: tal vez el escepticismo que parece adjudicarle Allen tuviera la explicación de que la mitad le parecieran pocos.


La crónica da problemas no sólo filológicos al empeño de Garzón. Puede que hubiera proyectado el exterminio; pero en relación a los políticos republicanos parecía optar por la vía lenta:


[Allen] «¿Qué va a ocurrir con los políticos de la república?».

[Franco] «Nada. Tendrán que ponerse a trabajar», ha dicho simplemente.

[Allen] «Esta noche me he enterado en Tetuán de que a todos los partidarios del Frente Popular, actualmente en el gobierno, en Ceuta, Tetuán y Melilla les han colocado grilletes y los han puesto a trabajar en las carreteras bajo el sol implacable del verano».


Hay algo más. En la entrevista Franco se propone varias veces como el pacificador de España. Desde luego, y como se acabó viendo, la paz es muy compatible con los cementerios. Puede que el precio de la victoria franquista fuese el exterminio; pero, para Hitler (al que sólo ha salvado de Garzón el ser ya cosa juzgada), la victoria era el exterminio. Franco se veía a sí mismo en la conversación con Allen como el Gran Pacificador. Y algo más:


[Allen] «¿Qué haría su Gobierno si venciera?»

[Franco]: «Yo establecería una dictadura militar y más tarde convocaría un plebiscito nacional para ver lo que el país quiere. Los españoles están cansados de política y de políticos.»

[Allen] «Su gobierno ¿será una dictadura civil o militar?». Franco, que apenas medía metro y medio, y que sólo tenía 43 años, sonrió:

[Franco] «Una dictadura militar y, más tarde, haríamos un plebiscito para que la nación decida qué quiere», dijo.

Aunque no es descartable que el juez sólo vea en estas palabras una nueva manifestación del siniestro plan. El exterminio como una forma cómoda de ganar plebiscitos.


El repaso de las piezas de Allen encaradas con el auto de Garzón se convierte al final en una desmoralizadora filología. La evidencia de que semejante chapucería instructora, altamente publicitada, se haya hecho en nombre de los muertos de la España democrática sólo puede suponer para ellos un nuevo agravio. O para decirlo en palabras de Josep María Fábregas: «El problema de que Garzón instruya sobre la Guerra Civil es que Franco saldría absuelto».


Publicado en El Mundo, 19-octubre-2008

jueves, 8 de abril de 2010

El mito de Badajoz: historia frente a propaganda


PULSE SOBRE LA IMAGEN PARA LEER EL PRÓLOGO

La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda
Autores: Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia


Editorial Libros Libres, Madrid, 2010.
ISBN 978-84-92654-28-4.
333 páginas.

Lugares on line donde se pueden adquirir ejemplares:

Criteria, Club de Lectores

Libros libres

sábado, 27 de marzo de 2010

La Represión Republicana: Intervención en el III Congreso Internacional sobre la II República y la Guerra Civil

Intervención en el III Congreso Internacional sobre la II República y la Guerra Civil
"La Represión Republicana"



PULSE SOBRE LA IMAGEN PARA ESCUCHAR LA CONFERENCIA

martes, 16 de marzo de 2010

lunes, 22 de febrero de 2010

PROPUESTA DE MANIFIESTO PARA HISTORIADORES EN TORNO AL VALLE DE LOS CAÍDOS‏



PULSE SOBRE LA IMAGEN PARA LEER LA PROPUESTA DE MANIFIESTO PARA HISTORIADORES EN TORNO AL VALLE DE LOS CAÍDOS‏ DIFUNDIDA POR PÍO MOA

martes, 17 de noviembre de 2009

CAPITULARES DE CORIA, VÍCTIMAS DE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA



Publicado en Iglesia en Coria-Cáceres; 15-noviembre-2009

 El pasado 6 de noviembre se ha celebrado por segundo año consecutivo la conmemoración litúrgica de los Mártires Españoles del siglo XX consagrada a las víctimas de la persecución religiosa sufrida por la Iglesia en nuestra Patria entre 1931 y 1939. El Papa Benedicto XVI, en su Carta Apostólica con ocasión de la beatificación de 498 de estos mártires el 28 de octubre de 2007 en Roma fijó dicha fecha para la memoria, conjunta al igual que su beatificación.
En las diócesis relacionadas con los nuevos beatos —todas las de España menos seis, más algunas de Cuba, México y Francia— es memoria obligatoria y el resto de las diócesis de España y de otros países pueden también hacer propia dicha conmemoración litúrgica.
Esta ocasión resulta especialmente apropiada para recordar a dos miembros del Cabildo Catedral de Coria que murieron víctimas de la misma persecución religiosa. Nos referimos a D.Gabriel del Cueto y Cueto, Doctoral de la Santa Iglesia Catedral y D.Ruperto Piñero Mena, Canónigo de la misma. A ellos se podría añadir otros dos sacerdotes muy vinculados con Coria: el también canónigo D.Fausto Cantero Roncero (con proceso de beatificación abierto en la Archidiócesis de Toledo) y el Capellán de la Armada D.Cástor Rodríguez Andrés, nacido en esta ciudad.
El primero de los citados, D.Gabriel del Cueto y Cueto, había nacido en Santa María de Taranes-Ponga (Asturias) y en el verano de 1936 se encontraba en su tierra natal; provincia que sufrió tan ásperamente la actuación de los revolucionarios ya comenzada en octubre de 1934. Fue detenido en Gijón y estuvo encarcelado en la Cárcel del Coto de dicha ciudad durante bastantes meses. Finalmente le llevaron a construir fortificaciones en el frente en una de las llamadas “Brigadas Penales” en las que los presos realizaban trabajos forzados en condiciones durísimas, entre amenazas y castigos y en las cuales fueron asesinados muchos de ellos. Las circunstancias de su muerte el 12 de octubre de 1937 en San Esteban de las Cruces las relata D.Ángel Garralda en su documentado estudio sobre la persecución religiosa en Asturias:
«Se pusieron a trabajar en el chalet de Villafría, llevando piedras en cadena. Ese día habían muerto varios milicianos en combate. En el momento en que precisamente estaba moviendo una gran piedra junto con Juan Bautista Fernández Díaz (hoy párroco de Cangas de Onís), éste nos añade el detalle de que pasó el cabo Félix y le llamó diciendo: "Gabriel, venga conmigo".
Al poco tiempo, continúa Manuel Astorga, vi cómo pasó el teniente con unos zapatos en la mano que a mí me parecieron los de Gabriel del Cueto.
Efectivamente, al término del trabajo se nos dijo que había muerto; era el canónigo de Coria al que se llevó en unas parihuelas y se le dio tierra».
D.Ruperto Piñero Mena había nacido en 1893 y llegó a Madrid pocos días antes del Movimiento para pasar las vacaciones con sus padres que servían como porteros en el Convento de Madres Mercedarias. En los primeros días de la revolución se vieron obligados a abandonar dicho lugar y a refugiarse en casa de unos vecinos; debido a su condición sacerdotal tuvo que esconderse en diversos lugares pero no siguió los consejos que le daban para que se procurara un carnet comunista alegando que de nada le serviría si es que el Señor le había elegido para mártir. Felipe Gil redactó las siguientes notas para la Revista Mater Clementissima del Pontificio Colegio Español de San José en Roma, donde había sido alumno entre 1915 y 1922:
El 13 de noviembre de 1936 fueron los milicianos a hacer un registro en aquella casa con el pretexto de que salían tiros de ella. Aunque le avisaron que se escondiera, no quiso hacerlo, y al pedirle los milicianos la documentación, les presentó lo único que tenía: su cédula de sacerdote. Le dejaron con su padre diciendo que a los dos días volverían. Empero a los pocos instantes se presentaron de nuevo con el siniestro coche de la muerte. Al ser arrancado del lado de su padre, éste, llorando y abrazándole exclamó: “¡Hijo, no te vuelvo a ver!...” y él repuso: “Padre, sea lo que Dios quiera”.
Junto con él fue conducido un vecino suyo, a quien los rojos perdonaron la vida, y que informó después a la desconsolada madre de Ruperto cómo llamados los dos en la noche del 14 de Noviembre para declarar viole en aquellos momentos con una tranquilidad y serenidad que admiraban.
Ignoramos los detalles de su muerte. Enterrado junto con otros dieciocho, que corrieron la misma suerte, en el Cementerio de Fuencarral, al ser exhumado, encontraron su cuerpo incorrupto con once disparos en la cabeza y diversos miembros del mismo. Los milicianos mismos se encargaron de consignar la causa de su muerte poniéndole este epitafio: “Fascista y Jesuita”, “Fascista y Párroco, U.H.P.”»

Ángel David Martín Rubio

EL FRAUDE DE LA MEMORIA HISTÓRICA (XI): Las listas de presuntos fusilados en León incluyen a falangistas y soldados del Ejército Nacional

Los fallos de la memoria: El listado de nombres que se reflejarán en el monumento a los republicanos represaliados durante la Guerra Civil y el franquismo incluye falangistas, militares del bando nacional y hasta un asesino

23 indisciplinados

Los nombres de falangistas incluidos en el mausoleo republicano serán retirados