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«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).
El juez Garzón tiene un objetivo: demostrar que el general Franco y sus rebeldes tenían un plan de exterminio de buena parte de la población española. Esto es lo que aproximaría la Guerra Civil al genocidio nazi y lo que haría de la instrucción que trata de culminar un nuevo Nüremberg, aun virtual. Al juez no le bastan las evidencias fácticas de las matanzas del ejército nacional, porque podrían ser fácilmente calificadas como hechos de guerra. Necesita que antes del primer disparo algún documento pruebe que los rebeldes eran conscientes de que necesitarían matar a media España, que estaban claramente dispuestos a hacerlo y que ya lo habían planeado.
El juez busca, en realidad (y cárguese a su instrucción la moral de las analogías que vendrán), una suerte de documento de Wannsee, la conferencia de jefes nazis donde probablemente se decidió la destrucción de los judíos europeos. El magistrado ha dado legalidad a expresiones como guerra de exterminio aplicada a la Guerra Civil o crímenes contra la Humanidad aplicada a las matanzas del ejército franquista.
Es probable que cuando logre demostrar que Franco y su ejército trataron a los republicanos como Hitler a los judíos (esto es matándoles por ser republicanos, incluidos hombres, mujeres y niños, y con total independencia de su conducta) habrá dado el paso decisivo hacia la palabra que implora. La palabra es genocidio.
Los escasos documentos que el juez ha presentado sobre esta premeditación tienen poco valor, y la mayoría no pasan de ser arengas, convenientemente sedientas de sangre, pronunciadas sobre todo por la chusquería de la rebelión. Sin embargo, hay un documento que sobresale. Es la entrevista que el periodista americano Jay Allen hizo a Franco, en la ciudad de Tetuán, a finales de julio de 1936. Probablemente la primera entrevista al general después de la rebelión. Esta es la cita textual del auto del juez:
«Finalmente, el General Francisco Franco en unas declaraciones efectuadas en Tánger [no: la entrevista se hizo en Tetuán, aunque esté fechada en Tánger] el 27 de Julio de 1936 al periodista Jay Allen, del Chicago Daily Tribune dijo:
'Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Estamos resueltos a seguir adelante a cualquier precio.' (12)
Allen: 'Tendrá que matar a media España', dije. Entonces giró la cabeza, sonrió y mirándome firmemente dijo:
'He dicho que al precio que sea'.
Es decir -afirma Allen- que 'estaba dispuesto a acabar con la mitad de los españoles si ello era necesario para pacificar el país'. (13)».
Para elaborar este párrafo Garzón acude, según sus palabras, a dos fuentes. Las primeras palabras de Franco las endosa a un libro publicado en 2008: Federación Guerrillera de León-Galicia. El último Frente. Resistencia Armada Antifranquista en España 1939-1952. Las últimas líneas «Es decir [...] el país» están atribuidas en lo sustancial a Santos Juliá y su libro Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999. Por el contrario las líneas centrales no tienen fuente conocida, aunque coinciden con las publicadas por la revista libertaria Rojo y negro en un documento llamado: La guerra civil fue una guerra de exterminio.
Dada la importancia de la pieza de convicción, el juez podría haber ido, directamente, a la fuente original: el artículo publicado por Allen en The Chicago Daily Tribune los días 28 y 29 de julio de 1936. Se trata de un artículo de interés. Obviamente lo primero que se desprende de su lectura es que la posibilidad de matar a media España es sugerida por el periodista: lo que en el argot del oficio se conoce por arrancar un titular y lo que ha permitido que por playas, valles y montañas mediáticos haya empezado a circular que Franco tenía previsto matar a media España. No sólo eso. Este es el diálogo original:
[Allen] «Then no truce, no compromise is possible?»
[Franco] «No. No, decidedly, no. We are fighting for Spain. They are fighting against Spain. We will go on at whatever cost».
[Allen] «You will have to shoot half of Spain», I said. He shook his head, smiled and then, looking at me steadily: «I said whatever the cost».
En el párrafo hay una expresión difícil de interpretar: He shook his head. Una frase compatible con mover, sacudir, negar, siempre con la cabeza. Un campo semántico dudoso. No parece muy verosímil que, habiéndole dicho Allen de matar a media España, Franco asintiera, sonriera (smiled) y culminara, mirándolo fijamente [looking at me steadily]: «A cualquier precio» [I said whatever the cost]. Como mínimo la sonrisa se la podría haber evitado.
Para complicar el panorama hay otra evidencia. Allen publicó una segunda versión de la entrevista en The London News Chronicle los días 29 de julio y 1 agosto de 1936. Por desgracia no he podido hallar el original inglés. Sin embargo sí dispongo de una traducción al español. Dice así el párrafo que interesa:
[Allen]: «¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España? El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: 'Repito, cueste lo que cueste'». Lo admito: tal vez el escepticismo que parece adjudicarle Allen tuviera la explicación de que la mitad le parecieran pocos.
La crónica da problemas no sólo filológicos al empeño de Garzón. Puede que hubiera proyectado el exterminio; pero en relación a los políticos republicanos parecía optar por la vía lenta:
[Allen] «¿Qué va a ocurrir con los políticos de la república?».
[Franco] «Nada. Tendrán que ponerse a trabajar», ha dicho simplemente.
[Allen] «Esta noche me he enterado en Tetuán de que a todos los partidarios del Frente Popular, actualmente en el gobierno, en Ceuta, Tetuán y Melilla les han colocado grilletes y los han puesto a trabajar en las carreteras bajo el sol implacable del verano».
Hay algo más. En la entrevista Franco se propone varias veces como el pacificador de España. Desde luego, y como se acabó viendo, la paz es muy compatible con los cementerios. Puede que el precio de la victoria franquista fuese el exterminio; pero, para Hitler (al que sólo ha salvado de Garzón el ser ya cosa juzgada), la victoria era el exterminio. Franco se veía a sí mismo en la conversación con Allen como el Gran Pacificador. Y algo más:
[Allen] «¿Qué haría su Gobierno si venciera?»
[Franco]: «Yo establecería una dictadura militar y más tarde convocaría un plebiscito nacional para ver lo que el país quiere. Los españoles están cansados de política y de políticos.»
[Allen] «Su gobierno ¿será una dictadura civil o militar?». Franco, que apenas medía metro y medio, y que sólo tenía 43 años, sonrió:
[Franco] «Una dictadura militar y, más tarde, haríamos un plebiscito para que la nación decida qué quiere», dijo.
Aunque no es descartable que el juez sólo vea en estas palabras una nueva manifestación del siniestro plan. El exterminio como una forma cómoda de ganar plebiscitos.
El repaso de las piezas de Allen encaradas con el auto de Garzón se convierte al final en una desmoralizadora filología. La evidencia de que semejante chapucería instructora, altamente publicitada, se haya hecho en nombre de los muertos de la España democrática sólo puede suponer para ellos un nuevo agravio. O para decirlo en palabras de Josep María Fábregas: «El problema de que Garzón instruya sobre la Guerra Civil es que Franco saldría absuelto».

Organizan:
INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTORICOS-CEU
FORO HISTORIA EN LIBERTAD
Lugar:
C/ Carrera de San Francisco 2, 28005-Madrid
Más información:
historiaenlibertad@hotmail.es
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11.00h – CONFERENCIA
El destino de la División Azul: el frente del Este
Fernando Paz Cristóbal
12.30h – CONFERENCIA
Los exiliados frentepopulistas en los ejércitos aliados (1939-1945)
Carlos Caballero Jurado
*
16.30h – CONFERENCIA
Las conspiraciones: juanistas y falangistas contra la neutralidad
Luis Eugenio Togores Sánchez
18.00h – MESA REDONDA
España, Franco y la Segunda Guerra Mundial ¿Prudencia o estrategia?
Pío Moa
Manuel Ros Agudo
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ASISTENCIA LIBRE - INSCRIPCIÓN:
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1. Asistiendo a las conferencias
2. Enviando una comunicación (Pueden verse las normas en documento adjunto)
3. Recibiendo toda la información posible sobre las Jornadas y la grabación de las intervenciones en cd
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"No olvidemos que se cumplen 35 años de la muerte del dictador, y las pruebas de su indeleble y abyecta huella en España comienzan a ser por todos conocidas: la prohibición de las lenguas, el machaque a la mujer, el páramo cultural, el aislamiento, el rencor, el ambiente gris y gazmoño, etc. No falta de nada.
La nota positiva entre tanto drama nos llega, como no podía ser de otra manera, del espectro progresista. Porque hay que decirlo: los progresistas siempre han estado a la cabeza del desarrollo y la modernidad; siempre han sido paradigmas de la coherencia y la lealtad; siempre han representado la esperanza de lucha más allá de indolencias o avestrucismos. Martín Villa, en representación de los Rubalcaba, De la Vega, Gallardón, Suárez, Calvo Sotelo, Aznar, Bono, Fraga, Barrionuevo, Fdez. Ordóñez, Ruiz Giménez, Belloch, Fdez. Bermejo, Mercedes Cabrera, Elorriaga, Cabanillas, Maru Menéndez, Maragall y tantos otros valientes próceres de hogaño que hubieron de sufrir antaño el azote de la intolerancia del sanguinario gallego, nos saluda cortésmente y cierra en clave positiva la serie de pruebas documentales que, generosamente, os envío hoy como regalo que puede -y debe- servir para centrar entre todos un debate fundamental para nuestra sociedad: el de nuestra historia reciente y su íntima relación con la actual situación política.
Con todo mi cariño, deseando de corazón que este nuevo año sigamos todos dignificando a una España que se muestra cada día territorialmente más unida, económicamente más fuerte y sociológicamente más recia, equilibrada y viril, ¡feliz 2010!PD: Estimo que no hay mejor manera de contemplar con la perspectiva adecuada la ruina de los años de Franco que repasar, una vez más, los testimonios de los más ilustres inspiradores de la República sobre cuyos escombros levantó el tirano los cimientos de su ignominioso régimen.
"Las notas de Franco son cada vez más acertadas y en su punto", José Ortega y Gasset en carta a Gregorio Marañón, 17-08-1937. "Españoles sin fronteras", Marino Gómez Santos, Espasa-Calpe, Barcelona, 1983, p. 124Ortega y Gasset fue miembro fundador de la Agrupación al Servicio de la República. Sus dos hijos, Miguel y José, lucharon como voluntarios en el bando alzado.
"Ni Franco ni el Ejército se salieron de la ley, ni se alzaron contra una democracia legal, normal y en función. No hicieron más que sustituirla en el hueco que dejó cuando se disolvió en “sangre, fango y lágrimas"", Alejandro Lerroux, "La pequeña historia de España.1931-1936", Ed. Akrón,http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1945/09/19/011.html
"La rapidez con que tan enorme población ha sido tomada y la casi completa normalidad que en pocos días se ha logrado, constituyen un conjunto de hechos únicos en la Historia. Por eso creo que las defensas rojas están derrumbadas y espero que ya el resto –Levante y Madrid- caigan tan aceleradamente como Cataluña.” Manuel García Morente, Mauricio de Iriarte S. I., "El profesor García Morente, sacerdote". Escritos íntimos y comentario biográfico, Espasa-Calpe, 3ª ed., Madrid 1956, p. 306Manuel García Morente, republicano, discípulo de Ortega, destacado miembro de la Institución Libre de Enseñanza y el catedrático más joven de España (24 años, Ética, en la Universidad Central de Madrid) huyó del Madrid frentepopulista en 1936; se convirtió al catolicismo en el exilio y regresó a España en 1938, ofreciendo su apoyo sin reservas al régimen de Franco. En 1941 fue nombrado Consejero de la HIspanidad.
"Tenemos tal fe en que la causa nacional es la causa de España, que la mantendría con todas sus consecuencias. (..) Que la España roja que hoy todavía lucha, es, en su sentido político, total y absolutamente comunista, no lo podrá dudar nadie que haya vivido allí sólo unas horas". Gregorio Marañón . Carta al historiador de Arte Pijoán."Españoles sin fronteras", Marino Gómez Santos, Espasa-Calpe, Barcelona, 1983Republicano, miembro fundador de la Agrupación al Servicio de la República. Su único hijo varón se alistó en el ejército nacional: "El mío está en el frente con Franco, claro".
"La República española ha consituido un fracaso trágico. Sus hijos son reos de matricidio... He profesado al general Franco mi adhesión, tan invariable como indefectible. Me enorgullece y honra tener mis dos hijos como simples soldados en la primera línea del ejército nacional". Ramón Pérez de Ayala. De una carta publicada en el Times el 10 de junio de 1938. Antes, concretamente el 29 de junio de 1937, y en carta dirigida al propio general Franco, le brindará "su adhesión sincera, y después el ofrecimiento de mis servicios (...) Espontáneamente y por mi cuenta y riesgo, no he cesado un instante de estar sirviendo a usted, hasta donde pude y se me alcanzó".Ramón Pérez de Ayala, republicano, miembro fundador de la Agrupación al Servicio de la República.


Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la LEGITIMIDAD POLÍTICA SURGIDA EL 18 DE JULIO DE 1936 en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes pero necesarios, para que nuestra patria encauzase de nuevo su destinoSin olvidar las afirmaciones de Sánchez Agesta:
De acuerdo con su texto, constituyen principios "permanentes e inalterables", y "serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los Principios proclamados en la presente Ley fundamental del Reino". Claramente se dibuja un nuevo matiz de superlegalidad formal la inconstitucionalidad de las leyes o disposiciones que los vulnerenCon la esperanza de que estos principios, "atropellados, no derogados", en expresión de Zafra Valverde, vuelvan a ser guía en el horizonte de la reconquista y reconstrucción de España.
España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.
La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.
España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones.
La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional. Los Ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes heroicas de nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio de la Patria.
La comunidad nacional se funda en el hombre, como portador de valores eternos, y en la familia, como base de la vida social; pero los intereses individuales y colectivos han de estar subordinados siempre al bien común de la Nación, constituida por las generaciones pasadas, presentes y futuras. La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles.
Las entidades naturales de la vida social: familia, municipio y sindicato, son estructuras básicas de la comunidad nacional. Las instituciones y corporaciones de otro carácter que satisfagan exigencias sociales de interés general deberán ser amparadas para que puedan participar eficazmente en el perfeccionamiento de los fines de la comunidad nacional.
El pueblo español, unido en un orden de Derecho, informado por los postulados de autoridad, libertad y servicio, constituye el Estado Nacional. Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuanto determinan la Ley de Sucesión y demás Leyes fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa.
El carácter representativo del orden político es principio básico de nuestras instituciones públicas. La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal.
Todos los españoles tendrán acceso a los cargos y funciones públicas según su mérito y capacidad.
Todos los españoles tienen derecho:
1. A una justicia independiente, que será gratuita para aquellos que carezcan de medios económicos;
2. A una educación general y profesional, que nunca podrá dejar de recibirse por falta de medios materiales;
3. A los beneficios de la asistencia y seguridad sociales; y
4. A una equitativa distribución de la renta nacional y de las cargas fiscales. El ideal cristiano de la justicia social, reflejado en el Fuero del Trabajo, inspirará la política y las leyes.
Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles, y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado.
La Empresa, asociación de hombres y medios ordenados a la producción, constituye una comunidad de intereses y una unidad de propósitos. Las relaciones entre los elementos de aquélla deben basarse en la justicia y en la recíproca lealtad, y los valores económicos estarán subordinados a los de orden humano y social.
El Estado procurará por todos los medios a su alcance perfeccionar la salud física y moral de los españoles y asegurarles las más dignas condiciones de trabajo; impulsar el progreso económico de la Nación con la mejora de la agricultura, la multiplicación de las obras de regadío y la reforma social del campo; orientar el más justo empleo y distribución del crédito público; salvaguardar y fomentar la prospección y explotación de las riquezas mineras; intensificar el proceso de industrialización; patrocinar la investigación científica y favorecer las actividades marítimas, respondiendo a la extensión de nuestra población marinera y a nuestra ejecutoria naval.
En su virtud, dispongo:
Artículo 1.- Los principios contenidos en la presente Promulgación, síntesis de los que inspiran las Leyes fundamentales refrendadas por la Nación en 6 de julio de 1947, son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables.
Artículo 2.- Todos los órganos y autoridades vendrán obligados a su más estricta observancia. El juramento que se exige para ser investido de cargos públicos habrá de referirse al texto de estos Principios fundamentales.
Artículo 3.- Serán nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los Principios proclamados en la presente Ley fundamental del Reino.

«Sólo desde 2004, cuando el terrorismo islámico logró con un solo golpe ―la
matanza del 11 M en Madrid― invertir la política interna y externa de España, se
están tornando realmente serias las amenazas a la democracia y a la integridad
de la nación. El nuevo Gobierno viene practicando una política
extraordinariamente favorable a los terroristas, los separatismos y las
dictaduras del Tercer Mundo. Y fuerzas radicalizadas, en el Gobierno y fuera de
él, ansían imponer por fin la “ruptura” no alcanzada en 1976. Esa “Segunda
Transición” llevaría al país, previsiblemente, de la democracia a la demagogia,
al estilo de otras experiencias históricas».
«sólo en la eternidad, patria de los justos, puedes encontrar
descanso; porque sólo allí no hay combate: no presumas, empero, que se abran
para ti las puertas de la eternidad, si no muestras entonces las cicatrices que
llevas; aquellas puertas no se abren sino para los que combatieron aquí los
combates del Señor gloriosamente y para los que van, como el Señor,
crucificados».

“La vida de los justos está en manos de Dios” (Sap. 3,1). Yo que como sacerdote he pronunciado tantas veces estas palabras, siento hoy una especialísima emoción al repetirlas ante el cuerpo de quien, durante casi cuarenta años, con una entrega total, rigió los destinos de nuestra patria.
En esta hora nos sentimos todos acongojados ante la desaparición de esta figura auténticamente histórica.
Nos sentimos, sobre todo, doloridos ante la muerte de alguien a quien sinceramente queríamos y admirábamos. Hay lágrimas en muchos ojos y yo quiero que mis primeras palabras de obispo sean para recordar a todos, a la luz de nuestra fe cristiana, que los muertos no mueren del todo, que la muerte no es fin, sino principio, que es la puerta de la vida verdadera, el ingreso en la casa del Padre.
Todos nos vamos, todos caemos, pero los creyentes sabemos que «hay alguien que acoge esa caída con suavidad inmensa entre sus manos». Francisco Franco, después de una larga vida, cargada de enormes, de tremendas tareas y responsabilidades, está ya en las manos de Dios, manos justas y misericordiosas, manos paternales.
Y como todos necesitamos de la misericordia de Dios, nos hemos reunido aquí para acompañarle en esta hora con nuestra oración, con el sacrificio redentor de Cristo, para que alcance esa misericordia del Padre que todos necesitamos.
Nos hemos reunido para esto, para rezar. No esperar de mis palabras ni un juicio histórico, ni tampoco un elogio fúnebre. Ni es este el momento de tales juicios, ni es función de la Iglesia el formularlos. La Iglesia es madre. Su función es amar. Y ante el cuerpo del hijo que se ha ido a la casa del Padre casi el único modo de amar es rezar.
Todos necesitamos la oración de todos. Y quizá más que nadie aquellos a quienes Dios ha encomendado la tremenda tarea de mandar o dirigir.
Los medievales habían entendido bien esta hora final cuando, en sus “danzas de la muerte”, pintaban a reyes, gobernantes, papas, cardenales, obispos, ricos y guerreros, dejando sus coronas, sus entorchados, sus mitras, sus tesoros y sus espadas, para llegar ante Dios desnudos e inermes.
Sin embargo, no llegamos desnudos ante Dios. El bautismo es nuestro vestido, las buenas obras son nuestro equipaje, el único que tiene valor en esta hora. Como decía San Juan de la Cruz, “a la caída de la tarde seremos examinados de amor”.
Y este amor de Francisco Franco es el que puedo elogiar yo en esta hora. Cada hombre tiene distintas maneras de amar. La del gobernante en la entrega total, incansable, llena a veces de errores inevitables, incomprendida casi siempre, al servicio de la comunidad nacional.
El Concilio Vaticano II no dudó en proclamar la nobleza de este oficio de servir a la patria desde el difícil puesto de la política: “la Iglesia alaba y estima –dice- la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la comunidad pública y aceptan las cargas de este oficio”. Y en otro lugar exhorta a “quienes son capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política” y “ejercitarlo con olvido del propio interés”.
Creo que nadie dudará en reconocer aquí conmigo la absoluta entrega, la obsesión diría incluso, con la que Francisco Franco se entregó a trabajar por España, por el engrandecimiento espiritual y material de nuestro país, con olvido incluso de su propia vida. Este servicio a la patria –lo he dicho ya en otra ocasión- es también una virtud religiosa. No hay incompatibilidad entre el auténtico amor a la patria y la fe cristiana. Si alguna forma de incompatibilidad existiera, es porque se entiende mal el amor a la patria o porque se vive mal la fe cristiana. Porque el servicio a la comunidad degenera en falso nacionalismo o porque la fe se pone, no al servicio del Evangelio, sino al de una ideología humana.
El amor a Dios no puede oponerse al amor a los hermanos que Él ha colocado en torno nuestro. Quien ama a sus hermanos está amando a Dios. Quien sirve a la comunidad, a su desarrollo, a su bienestar, a su unidad, cumple un deber que para los cristianos es un deber sagrado, una consecuencia de su misma fe.
Quien tanto y tanto luchó hasta extinguirse por nuestra patria presentará hoy en las manos de Dios este esfuerzo que habrá sido su manera de amar, con limitaciones humanas, como la de todos, pero esforzada y generosa siempre. Yo estoy seguro de que Dios perdonará sus fallos, premiará sus aciertos y recompensará su esfuerzo. Nosotros, con nuestra oración de hoy, le acompañaremos para que ese perdón y ese reconocimiento sea completo.
Él ha muerto uniendo los nombres de Dios y de España, como acabamos de oír en el último mensaje. Gozoso porque moría en el seno de la Iglesia de la que siempre ha sido hijo fiel.
Yo me atrevería a dar a este acto otro significado más. No basta con rezar por los muertos. Siempre hay algo que aprender de ellos, todos. Me parece que en este momento a la oración por el Jefe del Estado fallecido y por la patria, hemos de unir todos una promesa firme, serena, comprometida. La muerte del Caudillo nos recuerda que la obligación de trabajar y sacrificarse por la patria no es sólo función de los que gobiernan, sino de todos.
Todos somos responsables de que todos los españoles gocen de la libertad y los medios suficientes para desarrollar su propia personalidad y para mantener su dignidad de hombres y cristianos.
Pienso que ante este cadáver debemos formular todas las promesas de borrar todo cuanto pueda separarnos y dividirnos, la de olvidar nuestros egoísmos e intereses personales, la de evitar cualquier tipo de partidismo excluyentes que puedan entorpecer esa felicidad de todos. El respeto, el diálogo, la aceptación de las diferencias lícitas debe sustituir a la lucha. La convivencia debe borrar los exclusivismos.
Todos tenemos una gran tarea ante nosotros. Tendremos que recoger cuanto de positivo se ha construido en estos años, tendremos que mejorar cuanto quedó a mitad de camino, tendremos que superar cuanto pueda dividirnos y aceptar lo que deba diferenciarnos, tendremos que trabajar todos juntos para que la justicia, la libertad, el amor y la paz creen un clima de convivencia fraternal de la que nadie se deba sentir excluido siempre que esté dispuesto a colaborar al bien de todos.
En esta hora decisiva para nuestro país y ante el cuerpo del hermano que acaba de abandonarnos, creo realizar el mayor homenaje hacia él y cumplir, al mismo tiempo, mi misión de obispo llamando a todos los españoles a la unión, a la concordia, a la convivencia fraterna. Es ésta, lo sé, “una tarea difícil”, como hemos dicho en un reciente documento los obispos españoles. Pero “es también una tarea posible y, por tanto, obligatoria”. El destino de España en esta hora importante está en las manos de Dios. Pero está también en las manos de todos nosotros: Si todos cumplimos con nuestro deber, con la entrega con que la cumplió Francisco Franco, nuestro país no debe temer por su futuro. No es esta hora de tragedias ni de pánicos. Es hora de que todos los españoles cumplamos con nuestro deber de servicio a la comunidad. Yo pido este esfuerzo, como español, a todos los españoles. Yo os lo pido a todos los cristianos como obispo. Este compromiso será, junto a nuestra oración, el mejor regalo, el mejor elogio, que podemos hacer a quien acaba de dejarnos. Que el Señor le ayude a él y a nosotros en esta hora. Que a nosotros nos dé el coraje y a él el descanso. Que a nosotros y a él nos dé su paz.”
