«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).

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martes, 16 de marzo de 2010

CONVOCADAS LAS IV JORNADAS DEL FORO HISTORIA EN LIBERTAD



España y la Segunda Guerra Mundial

IV Jornadas de Historia
Sábado 10 de abril de 2010

Organizan:

INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTORICOS-CEU

FORO HISTORIA EN LIBERTAD

Lugar:

C/ Carrera de San Francisco 2, 28005-Madrid

Más información:
historiaenlibertad@hotmail.es

10.30h - Recepción de los participantes y apertura del Encuentro

11.00h – CONFERENCIA
El destino de la División Azul: el frente del Este
Fernando Paz Cristóbal


12.30h – CONFERENCIA
Los exiliados frentepopulistas en los ejércitos aliados (1939-1945)
Carlos Caballero Jurado

*

16.30h – CONFERENCIA
Las conspiraciones: juanistas y falangistas contra la neutralidad
Luis Eugenio Togores Sánchez


18.00h – MESA REDONDA
España, Franco y la Segunda Guerra Mundial ¿Prudencia o estrategia?
Pío Moa
Manuel Ros Agudo

NORMAS PARA LA PRESENTACIÓN DE COMUNICACIONES

ASISTENCIA LIBRE - INSCRIPCIÓN:

D………………………………………………………………………………………
Profesión……………………………………………………………………………...
Domiciliado en C/ ………………………………………… nº……………….
C.P. …………………… Ciudad ………………………………………………...
Correo electrónico ………………………………………….

Estoy interesado en participar en las IV Jornadas de Historia.

(Elimínense las siguientes opciones que no procedan)

1. Asistiendo a las conferencias

2. Enviando una comunicación (Pueden verse las normas en documento adjunto)

3. Recibiendo toda la información posible sobre las Jornadas y la grabación de las intervenciones en cd

Enviar a:

historiaenlibertad@hotmail.es

lunes, 23 de noviembre de 2009

Hasta la prensa de extrema izquierda lo reconoce



Los falangistas, molestos porque se manche el nombre de Primo de Rivera

Defienden que la Ley de Memoria Histórica discrimina a su partido

Entrevista a Norberto Pico en Público

sábado, 21 de noviembre de 2009

ESPAÑA EN LA MEMORIA; JOSÉ ANTONIO


PULSE SOBRE LA IMAGEN PARA VER EL PROGRAMA DE INTERECONOMÍA TV

Oración por los Caídos


Señor, acoge con piedad en tu seno a los que mueren por España y consérvanos siempre el santo orgullo de que solamente en nuestras filas se muera por España y de que solamente a nosotros honre el enemigo con sus mayores armas.

Víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor, y el último secreto de sus corazones era la alegría con que fueron a dar sus vidas por la Patria. Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor ni odiar al enemigo, y tú sabes, Señor, que todos estos caídos mueren para libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron, para cimentar con su sangre joven las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera.
Ante los cadáveres de nuestros hermanos, a quienes la muerte ha cerrado sus ojos antes de ver la luz de la victoria, aparta, Señor, de nuestros oídos las voces sempiternas de los fariseos, a quienes el misterio de toda redención ciega y entenebrece, y hoy vienen a pedir con vergonzosa ingencia delitos contra los delitos y asesinatos por la espalda a los que nos pusimos a combatir de frente.

Tú no nos elegiste, Señor, para que fuéramos delincuentes contra los delincuentes sino soldados ejemplares, custodios de valores augustos, números ordenados de una guardia puesta a servir con amor y con valentía la suprema defensa de una Patria. Esta ley moral es nuestra fuerza. Con ella venceremos dos veces al enemigo, porque acabaremos por destruir no sólo su potencia sino su odio. A la victoria que no sea clara, caballeresca y generosa preferimos la derrota, porque es necesario que, mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y una moral superiores.

Aparta así, Señor, de nosotros, todo lo que otros quisieran que hiciésemos y lo que se ha solido hacer en hombre de vencedor impotente de clase, de partido o de secta, y danos heroísmo para cumplir lo que se ha hecho siempre en nombre de una Patria, en nombre de un Estado futuro, en nombre de una cristiandad civilizada y civilizadora. Tú sólo sabes con palabra de profecía para qué deben estar” aguzadas las flechas y tendidos los arcos” (Isa. V, 28). Danos ante los hermanos muertos por la Patria perseverancia en este menosprecio hacia las voces farisaicas y oscuras, peores que voces de mujeres necias. Haz que la sangre de los nuestros, Señor, sea el brote primero de la redención de esta España, en la unidad nacional de sus tierras, en la unidad social de sus clases, en la unidad espiritual en el hombre y entre los hombres, y haz también que la victoria final sea en nosotros una entera estrofa española del canto universal de tu gloria.

Rafael SÁNCHEZ MAZAS (Oración por los caídos de Falange en FE, 22 de Febrero de 1934).

viernes, 20 de noviembre de 2009

Ojalá Fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles...


Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.

No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.

Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes

CLÁUSULAS

Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión Católica, Apostólica, Romana, que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo de la Santa Cruz.

Segunda. Instituyo herederos míos por partes iguales a mis cuatro hermanos: Miguel, Carmen, Pilar y Fernando Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, con derecho de acrecer entre ellos si alguno me premuriese sin dejar descendencia. Si la hubiere dejado, pase a ella en partes iguales, por estirpes, la parte que hubiera correspondido a mi hermano premuerto. Esta disposición vale aunque la muerte de mi hermano haya ocurrido antes de otorgar yo el testamento.

Tercera. No ordeno legado alguno ni impongo a mis herederos carga jurídicamente exigible; pero les ruego:

A) Que atiendan en todo con mis bienes a la comodidad y regalo de nuestra tía María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja, cuya maternal abnegación y afectuosa entereza en los veintisiete años que lleva a nuestro cargo no podremos pagar con tesoros de agradecimiento.

B) Que, en recuerdo mío, den algunos de mis bienes y objetos usuales a mis compañeros de despacho, especialmente a Rafael Garcerán, Andrés de la Cuerda y Manuel Sarrión, tan leales durante años y años, tan eficaces y tan pacientes con mi nada cómoda compañía. A ellos y a todos los demás, doy las gracias y les pido que me recuerden sin demasiado enojo.

C) Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores amigos, que ellos conocen bien, y muy señaladamente entre aquellos que durante más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos en mi corazón un puesto fraternal.

D) Que gratifiquen a los servidores más antiguos de nuestra casa, a los que agradezco su lealtad y pido perdón por las incomodidades que me deben.

Cuarta. Nombro albaceas contadores y partidores de herencia, solidariamente, por término de tres años, y con las máximas atribuciones habituales, a mis entrañables amigos de toda la vida Raimundo Fernández Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Súñer, a quienes ruego especialmente:

a) Que revisen mis papeles privados y destruyan todos los de carácter personalísimo, los que contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y proyectos en período atrasado de elaboración, así como cualesquiera obras prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre los míos.

B) Que coleccionen todos mis discursos, artículos, circulares, prólogos de libros, etc., no para publicarlos –salvo que lo juzguen indispensable–, sino para que sirvan de pieza de justificación cuando se discuta este período de la política española en que mis camaradas y yo hemos intervenido.

C) Que provean a sustiuirme urgentemente en la dirección de los asuntos profesionales que me están encomendados, con ayuda de Garcerán, Sarrión y Matilla, y a cobrar algunas minutas que se me deben.

D) Que con la mayor premura y eficacia posible hagan llegar a las personas y entidades agraviadas a que me refiero en la introducción de este testamento las solemnes rectificaciones que contiene.

Por todo lo cual les doy desde ahora las más cordiales gracias. Y en estos términos dejo ordenado mi testamento en Alicante el citado día dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis, a las cinco de la tarde, en otras tres hojas además de ésta, todas foliadas, fechadas y firmadas al margen.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Moderno "a pesar de" y el "fallecimiento" de un falangista... O de cómo falsea la historia la Junta de Andalucía


Uno de los documentos que sirvieron para las "Sacas" en la Checa de Fomento: otra prueba más de la espontaneidad de los crímenes frentepopulistas


PULSE SOBRE LA IMAGEN PARA LEER ARTÍCULO

Más información sobre Alfonso Pérez de León en Historia en Libertad

Aquí puede ver el texto del Museo de Málaga

jueves, 29 de octubre de 2009

¿SIGUE ALZADA LA BANDERA?

José Antonio en Sevilla. Al fondo, el telón con los nombres de los primeros caídos de la Falange.
Hoy, 29 de Octubre, hace 75 años [Publicado en 2008] que en el madrileño Teatro de la Comedia, pronunciaba José Antonio Primo de Rivera un discurso que ha tenido una trascendencia en la historia de España comparable a pocas piezas oratorias. En aquella España de los problemas, del eco del noventa y ocho y de los complejos ante Europa, un joven creyente, fiel cumplidor de sus deberes religiosos y definido por la nobleza de su carácter, profesionalidad, elegancia en el trato, lealtad, optimismo y espíritu de servicio iba a levantar una bandera capaz de entusiasmar a muchos de sus compatriotas. El fundador de la Falange apostó por devolver a la política su doble dimensión moral: ser impulso capaz de poner en pie a un pueblo y de movilizar su capacidad de servicio, decisión y sacrificio. Pocos años después, miles de jóvenes se iban a movilizar en los frentes de combate o iban a ser asesinados en la retaguardia frentepopulista cuando ya tenían el “cara al sol” para, en expresión de José Antonio, «hacer más alegre nuestra muerte». Él mismo, caería bajo las balas de un pelotón de fusilamiento a las órdenes del Gobierno que le había confinado en la Prisión Provincial de Alicante.

Frecuentemente se ha tratado de contraponer a José Antonio con el Estado nacido el 18 de Julio. Esta fecha simboliza el Alzamiento Nacional que en 1936 puso fin al estado de anarquía y de vulneración de la ley en que había desembocado la Segunda República pero enseguida se fue configurando con un contenido positivo que buscaba una total transformación de la vida española. En el fondo, la República no había sido sino la frustración más radical de este anhelo: ni se hicieron las innovaciones que España necesitaba ni se logró siquiera una mínima base de convivencia; por eso la respuesta al desafío revolucionario no podía ser la reacción pura y simple entendida como una vuelta al pasado y la defensa de privilegios e intereses. El Alzamiento de 1936 y la Guerra Civil no fueron una simple conmoción, una sacudida superficial para devolver después las cosas al estado en que se encontraban sino que destruyeron unas ideas y sus consecuencias pero se alumbraron otras y se abrieron nuevos cauces que inspiraron y condicionaron la vida española durante muchos años con consignas que eran el polo opuesto a las que habían querido implantar hasta entonces liberales y socialistas.

Aunque en el Nuevo Estado no faltaron incoherencias con sus postulados teóricos, la verdadera traición al 18 de Julio se produjo en la Transición cuando hombres al servicio de la situación definida por las Leyes Fundamentales pactaron con la oposición una Constitución como la de 1978, un texto al que se pueden hacer sustanciales objeciones desde el punto de vista moral y político y que es, en buena medida, responsable de la situación actual en la que está en peligro la propia supervivencia de España como entidad jurídica con una personalidad propia forjada a lo largo de su historia.

En la década de los años treinta, los dirigentes del Partido Socialista no dudaron en movilizar a sus pistoleros para intentar exterminar a la naciente Falange. Así lo denunciaba el propio José Antonio en el Parlamento apenas tres meses después del Acto de la Comedia: «Mientras yo, en cambio, le digo a la Cámara que a nosotros nos han asesinado un hombre en Daimiel, otro en Zalamea, otro en Villanueva de la Reina y otro en Madrid, y está muy reciente el del desdichado capataz de venta del periódico F.E.; y todos éstos tenían sus nombres y apellidos, y de todos éstos se sabe que han sido muertos por pistoleros que pertenecían a la Juventud Socialista o recibían muy de cerca sus inspiraciones. Estos datos son ciertos… Y nosotros, que tenemos en nuestras filas todas estas bajas y otros muchos heridos graves, nos hemos resistido a todos los impulsos vindicativos de los que nos pedían una represión enérgica y una represalia justa, porque consideramos mejor soportar, mientras sea posible, que abran bajas en nuestras filas que desencadenar sobre un pueblo una situación de pugna civil». ¿Conocerá estas palabras el juez Garzón? ¿Por qué no las habrá incluido en el Auto en que hace unos días pretendía criminalizar a la Falange imputándole violencias y delitos?

Lejos de aceptar la ignorancia o la falsificación del pasado promovida por los voceros de la llamada recuperación de la memoria histórica y las organizaciones políticas izquierdistas y nacionalistas parece preferible que sean los historiadores quienes desentrañen el verdadero significado de aquellos episodios. Porque, como dijo José Antonio aquel 29 de octubre, ya está alzada la bandera:

«Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente... A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!».

miércoles, 21 de octubre de 2009

INTERVENCIÓN EN EL PROGRAMA "LA ESTRELLA POLAR" CADENA COPE (JAVIER ESPARZA)


Del caso Foxá al caso Marcos Ana: ¿falangismo no y comunismo sí?

La historia es muy sencilla. Resulta que Izquierda Unida había prohibido esta semana un homenaje literario en Sevilla al poeta, novelista y diplomático falangista Agustín de Foxá alegando "motivos ideológicos". Hasta ahí ya se sabía, lo novedoso es que pocos días después dicha formación política ha promovido sin obstáculo alguno un homenaje a un escritor comunista, Marcos Ana. Su verdadero nombre es Fernando Macarro Castillo. ¿Qué está ocurriendo?

Programa del 21 de octubre de 2009
Debate: del caso Foxá al caso Marcos Ana. Con Aquilino Duque y Ángel David Martín.
Entrevista a Jaime Urcelay. Atila, el rey de los hunos. Ecología urbana con Miguel del Pino.

martes, 10 de febrero de 2009

DAR LA EXISTENCIA POR LA ESENCIA




O tal vez hay otra razón más convincente… Matías Montero cayó abatido por las balas de los pistoleros socialistas y de eso es mejor no hablar. Su ejemplo, como el de tantos otros, es la prueba de que la historia no fue como nos la quieren referir los ideólogos de la memoria. O como nos la quiso contar hace unos meses el juez Garzón al pretender involucrar a la Falange en presuntos delitos cometidos en la España de los años treinta y cuarenta.

En muchas ocasiones, hablar de la violencia en relación con la Falange de los años de la República y la Guerra Civil se reduce a glosar la manipulada frase de José Antonio acerca de la «dialéctica de los puños y las pistolas» silenciando que, para comprender la dinámica de violencia en que desembocó la Segunda República y el papel que en ella desempeñaron los falangistas, no se puede olvidar que este Movimiento perdió en sus primeros meses de existencia a decenas de sus miembros y simpatizantes, asesinados con el intento deliberado de frenar el crecimiento de la organización. Como denunció el propio José Antonio en el Parlamento: «Frente a esas imputaciones de violencias vagas, de hordas fascistas y de nuestros asesinatos y de nuestros pistoleros, yo invito al señor Hernández Zancajo a que cuente un solo caso, con sus nombres y apellidos. Mientras yo, en cambio, le digo a la Cámara que a nosotros nos han asesinado un hombre en Daimiel, otro en Zalamea, otro en Villanueva de la Reina y otro en Madrid, y está muy reciente el del desdichado capataz de venta del periódico F.E.; y todos éstos tenían sus nombres y apellidos, y de todos éstos se sabe que han sido muertos por pistoleros que pertenecían a la Juventud Socialista o recibían muy de cerca sus inspiraciones. Estos datos son ciertos». (1-febrero-1934) Y poco antes de caer asesinado Matias Montero, todavía afirmaba con clarividencia frente a los que pedían venganza: «Una represalia puede ser lo que desencadene en un momento dado, sobre todo un pueblo, una serie inacabable de represalias y contragolpes. Antes de lanzar así sobre un pueblo el estado de guerra civil, deben los que tienen la responsabilidad del mando, medir hasta donde se puede sufrir y desde cuando empieza a tener la cólera todas las excusas».

El ejemplo de Matías Montero es uno más de los muchos miles de españoles que, en aquella trágica coyuntura, supieron dar la existencia por la esencia. Porque ―como escribió José Luis López Aranguren en 1945― «la suprema libertad, cumplida en la vocación, y la suprema perfección, cumplida en la Obra acabada, se logran siempre a través de la resistencia, de lucha y, entre todas las luchas, la más alta, la lucha contra el dolor, que consiste en el sacrificio, en el heroísmo, en “dar ―como dijo José Antonio― la existencia por la esencia”, y la vida natural por la vida angélica».

Al lado del crimen, existió la defensa del perseguido y junto a la denuncia convivió el perdón y la entrega generosa de la propia vida. Porque no es verdad que la reconciliación llegara a España en 1975 ni en 1978, la reconciliación la habían venido conquistando, año tras año, día tras día, ellos, los que habían logrado reconstruir el suelo machacado de su patria y las heridas, más difíciles de curar, de las conciencias. España tendrá mucho que perder si dejamos que la venganza de los nietos, azuzada por la pasión política de socialistas y nacionalistas ahogue tan noble legado tantos años después.

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