«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).

jueves, 16 de octubre de 2008

SEGUNDO AVANCE DEL INFORME OFICIAL (I): Aljucén y Almendralejo

Terminada la publicación de los capítulos más relevantes del libro "Extremadura bajo la influencia soviética" comenzamos a dar conocimiento a nuestros lectores del
"Segundo avance del informe oficial sobre los asesinatos, violaciones, incendios y demás depredaciones y violencias cometidos en algunos pueblos del Mediodía de España por las hordas marxistas al servicio del llamado Gobierno de Madrid. Julio, agosto y septiembre MCMXXXVI", publicado por el Estado Español en 1936


ALJUCÉN (Prov. Badajoz)

En este pueblecito, de unos seiscientos vecinos, cometieron las hordas marxistas durante la dominación roja ONCE ASESINATOS, más innume­rables saqueos en los domicilios de las personas de orden.

Comenzaron los crímenes el día 25 de Julio, fecha en que fue asesinado el médico titular D. Luis Alberto de Mena y San Millán, quien, requerido por los rojos para que prestase sus auxilios a un supuesto enfermo fue tiro­teado por la espalda; le remataron con otra descarga cuando yacía herido en el suelo.

Culminó la ferocidad de los rojos al asesinar a los vecinos Victoriano Solís Cordero, Gumersindo Solís Conde, Agustín Belvís Hidalgo, Juan José Polo Burgos, Julián Fernández Robles, Manuel Tirado Esteban, Juan Larios Poncela, Antonio Pérez Barahona, Adolfo Galles Guijo y Daniel Peña Muñoz, hechos prisioneros el día 20 de Julio y encerrados en el salón de baile del pueblo. En la madrugada del 9 de Agosto, se les dio muerte de la si­guiente forma: Después de hacer los rojos nutridísimas descargas de fusilería en los alrededores el pueblo, para amedrentar a los vecinos y fingir un ata­que de las tropas salvadoras, grupos de forajidos se dirigieron al local donde se hallaban los presos y rompiendo a culatazos las ventanas, arrojaron unas ochenta bombas de mano al interior, sin compadecerse ante los desgarradores gritos de angustia que daban las víctimas, las cuales, en su indescriptible pánico, se refugiaban heridos por la metralla tras un pequeño mostrador. Uno de los detenidos, ileso aún, abrió violentamente una puerta y escapó entre el nutridísimo fuego de los guardianes, que se encontraban apostados en la calle. Cuando los marxistas se dieron cuenta de que los ametrallados vivían aún, penetraron en la estancia, rematando a sus víctimas a tiros y culatazos, con tal saña, que quedaron como montón informe de carne.

Cometido este horrendo crimen, y antes de su huída, intentaron las hordas marxistas atropellar a distintas mujeres indefensas, principalmente a la esposa del muerto Daniel Peña Muñoz, intento frustrado por la providencial llegada de las fuerzas salvadoras.

Las imágenes de la Iglesia Parroquial, fueron profanadas y mutiladas, especialmente la de la Patrona del pueblo.

ALMENDRALEJO (Prov. Badajoz)

A raíz de estallar el movimiento salvador de España, se desató la furia marxista en Almendralejo. Fue tal el número de encarcelamientos, que pronto se vieron llenos los dos pisos de la cárcel, siendo preciso habilitar como prisión el Matadero municipal, y, por último, el convento de Santa Clara, del cual se habían expulsado a las monjas. Se detuvo a todo el que no simpatizase con los grupos marxistas, fuese rico o pobre, propagandista político (como D. Francisco Elías de Toro), o ajeno a la política (como el Sr. Gerente de la Compañía Hidro-eléctrica). Las detenciones duraron desde el 18 de Julio hasta el 6 de Agosto, víspera de la entrada de las tropas en esta ciudad, y fueron hechas con el más cruel refinamiento; detenían a un individuo a cualquier hora de la noche, lo ponían en libertad y lo volvían a detener, jugando con sus esperanzas y sus temores. Tal sucedió con D. Juan Limón, que acabó muriendo en presidio. Los marxistas dispusieron que fuesen las seño­ras o sus hijas quienes llevaran la comida a los presos, obligándolas a formar cola en la puerta de la cárcel, bajo un sol aplomador, la amenaza de las es­copetas y las injurias de la chusma.

En una celda pequeñísima, sin más ventilación que una mirilla en la puerta, encerraron a los presos, llegando a estar juntos seis individuos (entre ellos Diego Garrido, Manuel Loza, Máximo Álvarez y Juan Alcántara), a los que obligaron a hacer sus necesidades en esta misma habitación. Muchos de los presos fueron brutalmente apaleados, entre ellos D. Gabino Merino, D. José Carrasco de la Barrera, D. Jesús Gómez, D. Francisco Blanco y otros muchos, a quienes torturaron tres individuos armados de porras. Esto suce­día mientras dos más apuntaban con pistolas o escopetas, para que los agre­didos no pudieran defenderse. Hubo algunos que quedaron como muertos, teniendo que sacarlos en brazos de la habitación donde les habían pegado.

Para mayor vejación de las personas detenidas, se les obligó a aumentar los fondos rojos. El comité exigió de los Bancos una lista de cuentas corrien­tes y un talonario de cheques; con estos instrumentos, y siempre bajo la amenaza de las pistolas, forzaron a los cuenta-correntistas (que en su mayoría estaban ya presos) a entregarles sus fortunas.

Los marxistas llevaron su ensañamiento hasta el punto de detener y en­carcelar a la esposa del comandante Blanco, contra la que no había más car­go que la presunción de que su marido se hubiese puesto en Sevilla a dispo­sición del Ejército salvador.

Los pocos individuos que pudieron librarse de los horrores de la cárcel, también fueron objeto de vejaciones. Nadie podía salir de su casa sin expo­nerse a que lo detuvieran, pues las milicias obraban por su cuenta, y se in­cautaron de todos los aparatos de radio para que las noticias de Sevilla no pudiesen ser oídas. De la Iglesia Parroquial tomaron posesión los marxistas convirtiéndola en reducto defensivo y garaje.

La noche del 6 de Agosto avisaron las campanas la llegada de seiscientos fusiles, que se repartieron entre los milicianos, los cuales poseían con anterioridad escopetas y pistolas, robadas a las personas de orden. El día 7, a las once de la mañana, acercose a Almendralejo el Ejército salvador. Enton­ces los rojos reunieron a los presos de la cárcel en el patio de la misma, cerrando todas las puertas que daban a dicha dependencia. Los detenidos en Convento fueron agrupados en la Iglesia, y al oírse los primeros disparos de las tropas, los marxistas comenzaron a arrojarles bombas y botellas de inflamables.

Estos horrores duraron hasta las cinco de la tarde, hora en que los que quedaron vivos fueron puestos en libertad por los Regulares.

Relación de muertos en la cárcel de Almendralejo.- D. Javier Merino Martínez, don Antonio ­Merino Garrido, don Saturnino Merino Garrido, don Pedro López Cabeza, don José López Cabeza, don Antonio López Cabeza, don Manuel González y González, don José Terrón Vargas, don Ángel López Crespo, don Francisco Cabezas Gallardo, don Juan Alcántara Alcántara, don Juan Pedro Arias Merchán, don José Cano Gómez, don Manuel González Ojeda, don Domingo García Vélez, don Manuel Nieto Marín, don Antonio Santos Alcañiz, Máximo Álvarez García, don Miguel Villena Ballesteros, don Alberto Elías de Toro, don Francisco Mejías Barrientos, don Miguel Bordallo Vicioso, don Agustín López Navarrete, don Manuel Guillén Ramos y don Juan Limón Barrero.

Muertos en el Convento de las Monjas.- D. José Jiménez Marcos, don Guillermo Barrientos Álvarez y don Manuel González Dorado.
Total: VEINTIOCHO MUERTOS.

Mutilados.- D. Francisco Elías de Toro, perdió una pierna y don Aquilino de la Hera.
Heridos.- D. Francisco Montero de Espinosa (quemaduras en todo el cuerpo), don Ale­jandro Vargas (herida de bala en una pierna), don Alfonso Iglesias (quemaduras en un pie), don Jesús Gómez (mutilación general y heridas en los ojos), don Luis Espinosa (lesión en los ojos con quemaduras), don Jaime Ozores Marquina (diversas heridas de metralla), don Al­fonso Rodríguez Ferro (ídem). don Antonio Cabezas (idem), don José Pérez Sánchez (idem). don José Moreno (ídem) y un hijo del apoderado del Conde de Bagaes (quemaduras en la córnea y pérdida probable del ojo).

Un sacerdote llamado D. Medardo, fue insultado groseramente, golpeándosele en la cara con una llave inglesa. D.Félix García de la Peña fue incomunicado en el cuartito de la Cárcel, sufriendo un ataque de enajenación mental; a pesar del certificado médico siguió detenido. Lo mismo ocurrió a otros presos que enfermaron gravemente en la Cárcel, como D. Pedro Barrera ­Morán (pulmonía), D. Saturno Merino (apendicitis) y D. Manuel Espinosa (enfermedad crónica).

No mataron únicamente a personas de posición acomodada; asesinaron a pobres obreros, como los hermanos López Cabeza, Manuel Nieto Marín, Manuel Guillén Ramos y José Jiménez Marcos, sin más sustento que su jornal, ni más delito que el de no pensar como los marxistas.

martes, 14 de octubre de 2008

LA CONTRADICCIÓN DEL SANO LAICISMO



La contradicción inherente a la reivindicación del laicismo radica en que no se puede afirmar un criterio moral ante los resultados concretos que resultan de la aplicación de un sistema político (por ejemplo, determinadas leyes o, de manera más genérica, la degradación moral y la corrupción) mientras que ese mismo criterio se difumina a la hora de valorar los principios sobre los que descansa ese mismo sistema. Se aprueba el árbol y después se rechazan los frutos. Las consecuencias de esta incongruencia son dos que enumeró en su día el entonces Obispo de Cuenca, don José Guerra Campos, sin que hasta ahora hayamos notado ninguna rectificación del rumbo adoptado.

Desde fuera de la Iglesia: sorpresa, escándalo, reacción airada, cuando alguien aduce la Doctrina católica en casos como las leyes del divorcio, del aborto, la permisividad corruptora de los jóvenes... Es como si les reprocharan ¿no habíamos quedado en que aceptabais nuestro pluralismo liberal? Incluso algunos pseudo-teólogos se hacen eco de planteamientos como éste al decir: si hemos aceptado la democracia, ahora tenemos que asumir las consecuencias y no tenemos derecho a quejarnos de las decisiones tomadas en cada caso por la mayoría. En el interior de la Iglesia asistimos al debilitamiento y la ambigüedad de la misma enseñanza destinada a orientar las conciencias que se limita a ofrecer sugerencias, más o menos dignas de consideración, olvidando así su obligación, por mandato divino de decir a todos lo que obliga moralmente (Cfr. Mt 28, 19-20).

Todo lo que decimos se comprueba en algo de tanta trascendencia como en lo relacionado con el voto de los católicos. Desde la Transición se nos viene diciendo: Considerad los elementos negativos y los positivos y decidid en conciencia. Pero la mayoría de los ciudadanos no están capacitados para distinguir si esa expresión (en conciencia) se refiere a una norma superior y la interpretan en términos de mera autonomía subjetiva (Voto a quien quiero). Y como, al mismo tiempo, el discurso clerical sostiene que no hay nada sin defectos, pueden en la práctica apoyar con sus votos a fuerzas promotoras de cosas tan negativas como el aborto, la disolución familiar, la descristianización… como si los presuntos aspectos positivos compensaran dicha obra demoledora.

El hecho es que con los votos de los fieles católicos se han implantado los mismos males que luego se critican. Y voces autorizadas, en el acto mismo de condenar esos males, se apresuran a reiterar su aval al marco jurídico-político democrático del que son consecuencia. Por el contrario, la enseñanza de la Iglesia sostuvo unánimemente durante siglos que la misión del poder y de las leyes no es sólo registrar lo que se hace sino estimular lo que debe hacerse. Si, por el contrario, los propios dirigentes se desinteresan y si a la desidia se une la complicidad ante la siembra de incitaciones disolventes, entonces no cabrá extrañarse de que se acelere el proceso de erosión moral, y de que crezcan al mismo tiempo la contradicción y la impotencia de los responsables.

Sobre todo en España y en Méjico en los años 20 y 30 de nuestro siglo miles de mártires dieron su vida ante un pelotón de fusilamiento al grito de ¡Viva Cristo Rey! Al mismo tiempo que los cristeros en Méjico y los voluntarios de nuestra Cruzada derramaban su sangre en las trincheras sostenidos por el mismo afán. ¡Qué bien entendieron la necesidad de este grito de alerta a que nos estamos refiriendo! Oyendo hablar de ellos a determinados eclesiásticos, comprobando cómo se manipula el verdadero significado de aquellas muertes, podemos acreditar que los utilizan ahora para respaldar un discurso incompatible con la fe por la que ellos dieron la vida. Es una más de las contradicciones inherentes al sano laicismo.

domingo, 12 de octubre de 2008

12 OCTUBRE, "REINA DE LA HISPANIDAD, RUEGA POR NOSOTROS"

GOYA. Aparición de la Virgen a Santiago
http://www.aciprensa.com/arte/Goya/images/Aparivirgenpilar4.jpg

Opinión de Monseñor Zacarías de Vizcarra, Consiliario Nacional de Acción Católica Española,sobre la obra de Francisco Gutiérrez Lasanta La Virgen del Pilar, Reina y Patrona de la Hispanidad

No se pueden recorrer las densas páginas del libro de don Francisco Gutiérrez Lasanta sin experimentar profunda admiración por el riquísimo caudal de erudición acumulado en ellas con paciencia benedictina, diligencia ejemplar y fervor pilarista insuperable.

Bien puede estar satisfecho el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza por la suerte que ha cabido a su piadosa y patriótica iniciativa, al encontrar en el Sr. Gutiérrez Lasanta al realizador completo y sobreabundante del ideal que se había propuesto, al convocar a público certamen literario a los escritores de España, Portugal y América.

Reciban ambos, Autor y Mecenas, mi efusiva felicitación.

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La tesis fundamental del libro está, a mi juicio, ampliamente demostrada.

Ninguna otra advocación de la Santísima Virgen puede alegar los mismos títulos que la del Pilar, para proclamarla Reina y Patrona de la Hispanidad.

Para esto se necesita una advocación que recuerde, no solamente a la Celestial Señora y alguno de sus singulares privilegios o favores de orden general, sino también algún beneficio especial directamente relacionado con la entidad patrocinada.

Concretamente, tratándose de la gran familia de naciones que se denomina Hispanidad, se necesita que la advocación elegida recuerde algún hecho especialmente relacionado con todos los miembros de ella, tanto los del Viejo Mundo como los del Nuevo.

Ahora bien; el hecho especial directamente relacionado con todas las cristiandades hispánicas de ambos hemisferios es la maternidad originaria de su Fe y de sus Iglesias, maternidad que ostenta especialmente la Virgen Santísima bajo el título del Pilar, por el hecho de haber venido a España en carne mortal, como misionera de la fe de su Hijo y consoladora y alentadora del Apóstol Santiago y de sus discípulos, primer núcleo de la Iglesia Hispánica, de la cual tomó posesión al estilo romano, plantando en su suelo a modo de mojón posesorio, el Pilar de jaspe que por ministerio angélico, según antiquísima tradición aprobada por la Iglesia, trajo de Jerusalén y entregó a Santiago como base para edificar en su nombre el primer templo mariano del mundo.
Si Santiago es el Padre de la Fe Hispánica, la Virgen Santísima del Pilar es su Madre; y tanto España y Portugal, que entonces formaban la única Hispania evangelizada por Santiago, como todas las naciones que de ellas han recibido el ser religioso, como extensión vegetativa de su Iglesia, deben reconocer, en último análisis, como a Madre común de sus respectivas cristiandades a la Virgen Santísima que veló su cuna desde el Pilar de Zaragoza. La Capilla Angélica, levantada por Santiago en torno de aquel Pilar, es literalmente la «Casa Solariega» de todas las Iglesias de la Hispanidad, con genealogía mariana de la más noble prosapia.

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No reviste los mismos caracteres de maternidad originaria y extensión universal ninguna otra de las santísimas y devotísimas advocaciones que abundan en la Hispanidad de ambos mundos. Todas ellas recuerdan favores más o menos particulares, limitados a determinada nación, región o época, siempre posterior y muy lejana del nacimiento de la Cristiandad Hispánica, sin relación de origen y fundamento para toda ella.

Existe una advocación que, bajo el aspecto de universalidad, podría figurar como apropiada para la finalidad propuesta del patronato sobre toda la Hispanidad: es la de la Inmaculada Concepción.
En efecto: el 17 de julio de 1760, según narra La Fuente en su Historia General (Tomo IV, pág. 124), reunidas las Cortes del Reino en el Palacio del Buen Retiro de Madrid, bajo la presidencia del Rey Carlos III, con asistencia de los Procuradores de todos los reinos de España y América, «acordaron por unanimidad de votos suplicar al rey se dignase tomar por singular patrona y abogada de estos reinos y los de Indias y demás a ellos anexos e incorporados, a la Virgen Santísima, bajo el misterio de la Inmaculada Concepción, sin perjuicio del patronato que en ellos tiene el Apóstol Santiago... y que se dignara solicitar bula de Su Santidad en aprobación y confirmación de éste».

Así lo concedió el Sumo Pontífice, casi un siglo antes de que Pío IX definiera el dogma de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 1854.

Antes de la definición dogmática de Pío IX, tenía cierto carácter especial hispánico la arraigada devoción de España y América al misterio de la Inmaculada Concepción del cual fueron entusiastas defensores y campeones nuestros teólogos y nuestro pueblo. El mismo Pío IX, cuando se erigió en Roma el grandioso monumento conmemorativo de la Inmaculada Concepción, eligió como lugar de emplazamiento para el mismo la Plaza de España, y fue personalmente a bendecirlo desde los balcones de la Embajada de España, en reconocimiento de la parte especialísima que había tenido nuestro pueblo en la defensa y propaganda de este misterio.

Pero, desde entonces, la devoción a la Inmaculada es felizmente patrimonio universal de todas las naciones e iglesias del mundo, y no representa algo en cierto modo especial de nuestro pueblo. Ni siquiera tiene entre nosotros un Santuario famoso dedicado a ella, como lo tiene Francia en Lourdes, a petición de la misma Virgen Inmaculada.

En cambio, el Pilar es cosa nuestra, directamente relacionada con nuestro pueblo, tanto ahora como en todos los siglos venideros, con sede y hogar tangible en nuestro suelo, con marca indeleble en nuestra historia, con destellos consoladores de predilección maternal, con ecos de esperanza para el porvenir de toda la Cristiandad Hispánica.

No quiere decir esto que se modifique el patronato de la Inmaculada para España, ni todos los demás patronatos marianos de las diversas naciones de la Hispanidad. Se trata de un asunto diferente. Se trata de estudiar cuál sería la advocación más apropiada para una entidad distinta de cada una de las naciones hispánicas, para el cuerpo colectivo de todas ellas, para la gran familia étnica de la Hispanidad. Se trata de la provisión de un trono hasta ahora oficialmente vacío, sin desdoro de ningún derecho adquirido precedente. Y creemos que ese trono está reservado ya en nuestros corazones para la Virgen del Pilar, y que será reconocido con el tiempo para ella por las Autoridades a quienes corresponde la declaración oficial.

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Hace 16 años envié desde Buenos Aires al Congreso Mariano Hispano-Americano de 1929, en nombre del Clero Español de la República Argentina, una memoria impresa, con el título «REGINA HISPANITATIS», proponiendo que el Congreso pidiese a la Santa Sede que, tanto en España como en las demás naciones hispánicas, se pudiese añadir en la Letanía Lauretana la invocación «Regina Hispanitatis, ora pro nobis», y fundamentando ampliamente las razones de esta petición.

Ignoramos los motivos por los que el Congreso dejó de dar curso a dicha petición, aunque sabemos que uno de los Prelados asistentes, en solemne sermón, saludó a la Virgen con aquella invocación.

Quizá simultáneamente con el patronato de la Virgen del Pilar se podría solicitar la gracia mencionada, como complemento de aquél, alegando razones parecidas a las que figuraban en aquella Memoria,

No sería ninguna pretensión insólita. Está autorizada Polonia para añadir a las Letanías la invocación «Regina Poloniae, ora pro nobis». La Compañía de Jesús añade también a las mismas: «Regina Societatis Jesu, ora pro nobis». No sería difícil sacar del arsenal histórico del libro del Sr. Gutiérrez Lasanta fundamentos tan sólidos como los alegados en los dos casos citados.

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Podría ocurrírsele a alguno que difícilmente sería admitida en las Letanías una palabra tan nueva como «Hispánitas», en latín, o «Hispanidad» en castellano.

Pero como he declarado repetidas veces, en diversas revistas y publicaciones, la materialidad de las palabras «Hispánitas» e «Hispanidad» no es nueva, sino muy antigua. Véase mi largo artículo en EL ESPAÑOL del 7 de octubre de 1944, con el título «Origen del nombre, concepto, y fiesta de la Hispanidad», y el prólogo que puse a la obra del Dr. Manuel García Morente, «Ser y vida del caballero Cristiano», reeditado este año en Madrid (Ediciones Juventud de Acción Católica).

Lo verdaderamente nuevo es haber desenterrado del montón inútil de palabras anticuadas un vocablo necesario, haber sustituido su significación antigua por otros conceptos; de viva actualidad, y haberlo puesto en circulación en los medios intelectuales y populares de las naciones hispánicas de ambos mundos.

La palabra «HISPANIDAD» figuraba ya como anticuada en la edición de 1817 del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en esta forma: «HISPANIDAD, s. f. ant. Lo mismo que HISPANISMO.» Y, a continuación, el mismo Diccionario Oficial definía así la equivalente: «HISPANISMO. s. m. Modo de hablar peculiar de la lengua española, que se aparta de las reglas comunes de la Gramática.» Es decir, que tenía significación análoga a la de «galicismo», «anglicismo», «latinismo», &c.

Quizá el autor castellano más antiguo que la usó en este sentido gramatical fue el bachiller Alexo Vanegas, en su obra «Tractado de Orthographía y Accentos», impresa en Toledo en 1531, donde dice: «De los oradores M. Tull y Quinti son caudillos de la eloquencia, aunque no les faltó un Pollio que hallase hispanidad en Quintiliano, &c.»

No sabemos qué Polión encontró hispanidad en Quintiliano. No sería ciertamente el Polión de quien nos habla el mismo Quintiliano, cuando escribe: «Pollio deprehendit in Livic patavinitatem» («Polión halló en Livio patavinidad»); es decir, «paduanidad», por ser Tito Livio natural de Padua. (De institutione oratoria, Libro I, cap. V). Quizá, en el mismo sentido, los escritores romanos hallaban en Quintiliano y en otros escritores hispano-latinos de aquellos remotos siglos una «hispanidad» análoga a la «patavinidad» de Livio; y, según esto, la palabra «HISPANITAS» habría sido usada en el período más brillante de la literatura latina.

La usó ciertamente el atildado humanista y latinista Filelfo (n. 1398, m. 1481), el cual achacaba a Quintiliano «redolere hispanitatem», es decir, «que tenía olor de hispanidad». (Cfr. J. P. Charpentier, Prólogo a las obras de Quintiliano, Garnier, París, tomo 1, pág. XXX.)

De todo lo dicho se deduce que la materialidad de la palabra no es nueva, ni quizá desconocida de los mismos clásicos latinos, y que, por este lado, no habrá dificultad para usarla en las Letanías.

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¿Qué es entonces lo nuevo de la palabra «HISPANIDAD» cuya creación me atribuyen a mí escritores tan respetables como D. Ramiro de Maeztu, el Cardenal Gomá y el mismo Sr. Gutiérrez Lasanta, cuyo libro estoy encomiando?

Hace años lo vengo explicando en libros y revistas de España y fuera de España, sin lograr todavía que me dejen de llamar «creador del vocablo». No he hecho más que descubrirlo, resellarlo con las nuevas acepciones que nos hacían falta y ponerlo en circulación, como atinadamente lo indicaba el Dr. García Morente, en su obra «Ideas para una filosofía de España», sin duda por haber leído alguno de los artículos en que he narrado el origen de esta palabra: «Existe una palabra –decía García Morente– lanzada desde hace poco a la circulación por Monseñor Zacarías de Vizcarra, que, a mi parecer, designa con superlativa propiedad eso precisamente que la filosofía de la historia de España aspira a definir. La palabra aludida es HISPANIDAD. Nuestro problema puede exactamente expresarse en los términos siguientes: ¿qué es la hispanidad?» (Signo, 23 enero 1943).

Con la misma cautela habla el ilustre Secretario Perpetuo de la Real Academia de la Lengua, al dar cuenta de la modificación introducida por ésta en dicha palabra, para la nueva edición de su Diccionario, en vías de preparación. «HISPANIDAD –dice D. Julio Casares– sólo tenía en el diccionario un valor de pura terminología estilística, por no decir gramatical. Por eso pudo escribir Maeztu, con relativa propiedad, que el sacerdote español D. Zacarías de Vizcarra, residente a la sazón en la Argentina, había "inventado" el vocablo HISPANIDAD, puesto que lo sacaba a la luz para significar el conjunto y comunidad de todos las pueblos hispanos, concepto hasta entonces desconocido e innominado en el catálogo académico.» (ABC, Madrid, 16 diciembre 1944).

¿Cuál fue la ocasión que determinó el descubrimiento y lanzamiento de ese vocablo, reacuñado con nuevos conceptos? Lo he contado ampliamente en el citado número de EL ESPAÑOL.

Por iniciativa del cónsul argentino D. Enrique Martínez Ituño, se celebró por primera vez, en la Casa Argentina de Palos, la fiesta del 12 de octubre, con el nombre de «Día de la Raza», en 1915.

Esta iniciativa encontró eco simpático en América y, sobre todo, en Buenos Aires, donde tenía entonces mi residencia. En 1917, el Gobierno Argentino declaró fiesta nacional la fecha del 12 de octubre; y, aunque en el decreto no se le llamaba «Día de la Raza», ni aparecía tampoco la palabra «raza» en todo el texto del mismo, los periódicos comenzaron a usar dicha denominación, que a mí y a otros muchos nos parecía «poco feliz y algo impropia», como escribí en una revista de Buenos Aires.

En efecto, España es la menos racista de todas las naciones. Ha sabido asociar a su familia étnica toda clase de razas blancas, negras, amarillas y cobrizas, en el Viejo y Nuevo Mundo, desde los aborígenes ibéricos, célticos, ligúricos, &c., hasta los semitas e indoeuropeos de Cartago, Arabia, Berbería, Grecia, Roma y Germania, y desde los negros o morenos de Africa hasta los cobrizos de América y los amarillos de Filipinas. Es ciertamente chocante que llamemos «raza» al mosaico hispánico de razas. No sé qué pensarán en sus adentros los filipinos auténticos, cuando los españoles les hablan de «nuestra raza» o lo que se imaginarán los españoles y americanos, cuando aquéllos a su vez aludan a la raza común.

Además, el artículo «la», antepuesto a «raza», hace pensar que no se trata de una raza cualquiera, sino de «la raza» por excelencia, la única que merece plenamente la denominación de «raza».

Por todas estas razones busqué un nombre más simpático y exacto con que pudiera denominarse el conjunto de las veinte naciones hispánicas, para reemplazar a la palabra «raza» y designar con mayor propiedad el «Día de la Raza».

Y encontré la palabra anticuada «HISPANIDAD», inútil ya en el sentido que le daban los diccionarios y los autores antiguos, pero capaz de recibir dos significaciones nuevas que nos prestarían un gran servicio.

En un artículo que puede verse transcrito en la revista «HISPANIDAD», de Madrid, en su número del 1º de febrero de 1936, escribía yo en una revista de Buenos Aires: «Estoy convencido de que no existe palabra que pueda sustituir a HISPANIDAD para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás. Encuentro perfecta analogía entre la palabra HISPANIDAD y otras dos voces que usamos corrientemente: HUMANIDAD y CRISTIANDAD. Llamamos "Humanidad" (con mayúscula) al conjunto de todos los hombres, y "humanidad" (con minúscula) a la suma de las cualidades propias del hombre. Así decimos, por ejemplo, que toda la Humanidad mira con horror a los que obran sin humanidad. Asimismo llamamos "Cristiandad" al conjunto de todos los pueblos cristianos, y damos también el nombre de "cristiandad" (con minúscula) a la suma de cualidades que debe reunir un cristiano. Esto supuesto, nada más fácil que definir las dos acepciones análogas de la palabra HISPANIDAD: significa, en primer lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico, diseminados por Europa, América, Africa y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo, a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.»

En un escrito que publiqué en Buenos Aires el año 1926, titulado «La Hispanidad y su verbo» y ampliamente difundido entre los hispanistas, elevaba a la Real Academia de la Lengua esta modesta súplica: «Si tuviéramos personalidad para ello, pediríamos a la Real Academia que adoptara estas dos acepciones de la palabra "HISPANIDAD" que no figuran en su Diccionario.»

Esta petición halló eco en la docta corporación a fines del año pasado, y será atendida en la próxima edición de su Diccionario, según me lo comunicó muy atentamente el insigne Director de la Academia, D. José María Pemán, y lo hizo público en el número antes citado de ABC, su Secretario Perpetuo, D. Julio Casares.

Gracias a la autoridad moral de Ramiro de Maeztu, del Cardenal Gomá y de otros ilustres escritores, ha tomado ya carta de naturaleza en el Viejo y Nuevo Mundo el nombre y el concepto nuevo de la HISPANIDAD, y poco a poco va sustituyéndose la denominación del DIA DE LA RAZA por la otra más exacta y simpática de FIESTA DE LA HISPANIDAD.

Termino haciendo votos para que brille pronto el día en que la FIESTA DE LA HISPANIDAD llegue a ser también, en todo el mundo hispánico, la FIESTA DE LA REINA Y PATRONA DE LA HISPANIDAD, y para que desde entonces podamos tener el consuelo de saludarla a boca llena con la invocación filial «¡REGINA HISPANITATIS, ORA PRO NOBIS!»

[Opiniones autorizadas sobre la obra del presbítero D. Francisco Gutiérrez Lasanta, titulada La Virgen del Pilar, Reina y Patrona de la Hispanidad, premiada en el Gran Certamen Hispano-Americano convocado por el Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza en 6 de noviembre de 1941, expresadas en cartas dirigidas a su Alcalde-Presidente, Excmo. Ayuntamiento de la Inmortal Ciudad de Zaragoza, Zaragoza, 12 de octubre de 1946, Fiesta de Nuestra Señora del Pilar y de la Hispanidad, páginas 79 a 86.]

miércoles, 8 de octubre de 2008

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. CONFLICTO BÉLICO Y CAMBIO SOCIO-POLÍTICO





II Encuentro de Historia Militar:
La Guerra de la Independencia. Conflicto bélico y cambio socio-político

Cáceres, Sábado 15 de noviembre

A partir de las 11h

Lugar: Hotel Alfonso IX

C/Moret, 20


Intervenciones:

· D.JAVIER SÁENZ DEL CASTILLO Y CABALLERO (Universidad San Pablo-CEU). 1788-1814; Una época de cambios. Revisión del concepto historiográfico “crisis del Antiguo Régimen”
· D.FRANCISCO JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA (Historiador) El Obispo Álvarez de Castro y la Diócesis de Coria-Cáceres en el siglo XIX
· D.LUIS VICENTE PELEGRÍ PEDROSA (Doctor en Historia) 1788-1814: Una época de cambios. (I) Demografía, Economía y Sociedad
· D.ÁNGEL DAVID MARTÍN RUBIO (Delegación Fe-Cultura) 1788-1814; Una época de cambios (II) Las ideas

Información y matrícula:

Delegación de Fe-Cultura de la diócesis de coria-Cáceres
CASA DE LA IGLESIA
C/ General Ezponda, 14 - 10003 – CÁCERES
Teléfono: 927 627 338
Importe: 10 €
Ingresar en C.C. no 0075 / 0037 / 79 / 0700406441
(BANCO POPULAR ESPAÑOL) indicando concepto y persona que hace la inscripción
La matrícula también se puede abonar en el mismo Encuentro

D………………………………………………………………………………………
Profesión……………………………………………………………………..
Titulacion Academica ……………………………………………………
Domiciliado en C/ ………………………………………… nº……………….
C.P. …………………… Ciudad ………………………………………………...
Correo electrónico ………………………………………….
Teléfono …………………………………………………….

Estoy interesado en participar en las II Jornadas de Historia Militar

(Elimínense las siguientes opciones que no procedan)

- Asistiendo a las conferencias – Cuota de inscripción: 10€

- Participando en la comida ― En tal caso, se hará reserva en el Restaurante: precio aproximado 15€

Enviar a:
historiaenlibertad@hotmail.es

martes, 7 de octubre de 2008

LA DIFÍCIL REIVINDICACIÓN DEL LAICISMO



La servil repetición hecha por altos dignatarios eclesiásticos de los conceptos vertidos por el Presidente Nicolás Sarkozy con ocasión de la visita a Francia de Benedicto XVI, pone en una comprometida situación a estos aguerridos reivindicadores del laicismo.

Si se trata de enseñar la doctrina tradicional acerca de las relaciones Iglesia-Estado camuflándola bajo aparatosas denominaciones que resultan agradables a los oídos de nuestros contemporáneos, apenas habría que hacerles otro reproche que el que reciben los oportunistas pero, como parece más probable, se trata de asumir las categorías propias del pensamiento moderno en este asunto por lo que estamos ante una prueba más de que la crisis que atraviesa la Iglesia Católica se sitúa en el terreno que afecta a la propia conservación de la verdad que le ha sido encomendado custodiar.

El filósofo Romano Armerio formuló una ley de la conservación histórica de la Iglesia en los siguientes términos: la Iglesia está fundada sobre el Verbo Encarnado, es decir, sobre una verdad divina revelada y recibe la gracia necesaria para acomodar su propia vida a dicha verdad (es dogma de fe que la virtud es posible en todo momento). La Iglesia no peligra en caso de no acomodarse a la verdad sino cuando se pone en situación de perder la referencia a la verdad. La Iglesia peregrinante no es dinamitada por efecto de las debilidades humanas sino por aquéllos que llegan a cercenar el dogma y formular en proposiciones teóricas las depravaciones que se encuentran en la vida. O como dice un amigo mío de manera más sencilla aunque no menos profunda, hace más daño una idea equivocada que un fallo moral.

La Iglesia siempre creyó en la realeza de Jesucristo; pero llegó un momento en que juzgó necesario proclamarla solemnemente e incluso dedicarle una fiesta litúrgica especial. El motivo de este deseo, manifestado por el Papa Pío XI en su Encíclica Quas Primas (1925), fue la extensión rápida de la doctrina liberal entre los católicos. Siempre ha habido cristianos que, a pesar de reconocer a Jesucristo por Rey, han violado sus leyes. Eso es el pecado y pecado habrá siempre entre los cristianos. Pero cuando hace su aparición el liberalismo diciendo: “el hombre es libre, no tiene obligación de obedecer a Jesucristo, ni a su Vicario en la tierra” y, lógicamente, añade el laicismo: “Las naciones son libres, no tienen obligación de guardar la moral cristiana”, es cuando recuerda Pío XI la realeza de Jesucristo. El hombre no es libre así; las sociedades no son libres así. Hay un Rey que tiene derechos sobre los individuos, sobre las familias y sobre las naciones; ese rey es Jesucristo.

Por el contrario, el mundo en que vivimos se ha edificado sobre la previa demolición del orden social cristiano y sobre la renuncia, incluso teórica, a su restauración. En esa obra hay una negación, implícita o explícita, de la divinidad de Jesucristo. Si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, como consecuencia es el dueño de todas las cosas, de los elementos, de los individuos, de las familias y de la sociedad. Es el Creador y el fin de todas las cosas. Como había dicho San Pablo: «Por lo cual a su vez Dios soberanamente le exaltó y le dio el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los seres celestes, y de los terrenales, y de los infernales, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, llamado a compartir la gloria de Dios Padre» (Flp 2, 10-11). Pero si se desvanece esta convicción, entonces no hay fuerza para mantener la propia fe ante la invasión de las opiniones ajenas; de la inevitable diversidad se pasa al pluralismo como un valor en sí mismo y en virtud de una libertad religiosa mal entendida se coloca a todas las religiones en pie de igualdad y se otorgan los mismos derechos a la verdad y al error... Cuando Jesucristo ya no es la sola Verdad y la fuente de toda Verdad basta muy poco para que los hasta entonces cristianos se alejen de la Iglesia, no practiquen su religión y su moral se vuelva deplorable.´

En el pensamiento católico, la respuesta al laicismo agresivo, nunca será promover la presunta autonomía de las realidades temporales o la independencia Iglesia-Estado, ni siquiera la neutralidad (si es que puede existir). La única alternativa posible es la re-cristianización que pasa por el reconocimiento de lo que el pensamiento tradicional español llama ortodoxia pública, es decir, el establecimiento de un régimen político «que afirma un contenido de principios, verdades o valores de carácter superior e inmutable como base de su convivencia moral y de sus leyes» (Rafael Gambra). Es el atractivo programa que se describe con estas palabras en la Sagrada Escritura: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar Santo» (1Mac 3, 43).

viernes, 3 de octubre de 2008

LOS OTROS NOMBRES. HÉROES Y MÁRTIRES (1936-1939): Un proyecto del Foro Historia en Libertad

LEEMOS EN LA PÁGINA DEL FORO "HISTORIA EN LIBERTAD"

EL FORO "HISTORIA EN LIBERTAD" PUBLICARÁ EN ESTE BLOG:
http://heroesymartires.blogspot.com/
LAS RELACIONES NOMINALES DE CAÍDOS POR DIOS Y POR ESPAÑA QUE SE CONSERVAN EN EL SANTUARIO NACIONAL DE LA GRAN PROMESA DE VALLADOLID. EN ELLAS SE INCLUYE TANTO A LOS ASESINADOS EN LA RETAGUARDIA COMO A LOS CAÍDOS EN LOS FRENTES DE COMBATE.

DE MANERA COMPLEMENTARIA, PUBLICAREMOS INFORMACIÓN PROCEDENTE DE DIVERSOS HISTORIADORES

AGRADECEMOS A LOS LECTORES CUALQUIER INFORMACIÓN CON VISTA A LA ELABORACIÓN DE UNAS LISTAS LO MÁS COMPLETAS POSIBLESESTOS DATOS SE PONEN A DISPOSICIÓN DE FAMILIARES E HISTORIADORES SIEMPRE QUE SE CITE SU PROCEDENCIA PERO NOS OPONEMOS A SU UTILIZACIÓN EN EL MARCO JUDICIAL PORQUE COMPARTIMOS LA LETRA Y EL ESPÍRITU DE LA DISPOSICIÓN LEGAL QUE EL 31 DE MARZO DE 1969 DECLARABA PRESCRITOS TODOS LOS DELITOS COMETIDOS CON ANTERIORIDAD AL TÉRMINO DE LA GUERRA CIVIL «CUALESQUIERA QUE SEAN SUS AUTORES, SU GRAVEDAD O SUS CONSECUENCIAS» INVOCANDO LA CONVIVENCIA DE 30 AÑOS QUE HABÍA SEGUIDO A «LO QUE EN SU DÍA FUE UNA LUCHA ENTRE HERMANOS UNIDOS HOY EN LA AFIRMACIÓN DE UNA ESPAÑA COMÚN»

miércoles, 1 de octubre de 2008

INTERVENCIÓN EN TV DEL GRUPO INTERECONOMÍA

Miércoles 1 de octubre a las 13h y a las 22h en Tribunal TV
Sábado 4 de octubre a las 10h de la mañana en Intereconomía TV

Intervención de Angel David Martín Rubio en el espacio "DERECHO A JUICIO" dirigido por Ana Crespo, junto a otros invitados como Pío Moa.

Tema: la intervención de Baltasar Garzón en el debate sobre la memoria histórica

El programa puede verse y descargarse en la sección Archivo correspondiente al 4 de octubre en:
http://www.grupointereconomia.com/

sábado, 27 de septiembre de 2008

EN EL ANIVERSARIO DEL ALCAZAR



Toledo era una ciudad que, en julio de 1936, se encontraba prácticamente sin guarnición por lo que en toda la provincia su fuerza básica era la Guardia Civil con unos setecientos hombres que, por orden de su jefe el Teniente Coronel Pedro Romero Basart, se concentraron en el Alcázar a partir del 19 de julio.

Al día siguiente, el Coronel jefe de la Fábrica de Armas, Mario Soto, vacila ante una orden del Gobierno para que entregue las existencias de cartuchería; entonces los oficiales de la ciudad, reunidos con el director de la Escuela Central de Gimnasia y Comandante Militar en funciones por antigüedad, Coronel José Moscardó, deciden al atardecer del 20 de julio declarar el estado de guerra a la mañana del día siguiente. Pronto llegarían las primeras fuerzas ofensivas procedentes de Madrid.

Finalmente los defensores acabaron reuniéndose en el Alcázar, que resistiría increíblemente hasta su liberación el 27 de septiembre con lo cual, escasamente 30 hectáreas serían un baluarte en una provincia dominada por los frentepopulistas. Después del paso de las columnas nacionales camino de Madrid (septiembre-octubre de 1936), el frente se estabilizaría permaneciendo parte de la provincia en zona republicana hasta marzo del 39. En ese tiempo, los frentepopulistas cometieron un número muy elevado de asesinatos como demuestran las siguientes estadísticas:

REPRESIÓN EN LA RETAGUARDIA REPUBLICANA. PROVINCIA DE TOLEDO
Número de víctimas por Partidos Judiciales
Escalona
106
Illescas
118
Lillo
134
Madridejos
357
Puente del Arzobispo
222
Quintanar
304
Talavera la Real
186
Navahermosa
341
Orgaz
563
Ocaña
347
Toledo
454
Torrijos
195
TOTAL
3327

Fuente: Archivo Histórico Nacional, “Causa General”. Leg. 1045-1048.
Elaboración propia
Número de víctimas por fecha
VII-36
362
VIII-36
1130
IX-36
530
X-36
399
XI-36
215
XII-36
126
1937
73
1938
8
1939
5
No consta
479
Fuente: Ibid.

Procedencia socioprofesional

Artesanado
283
9.43 (%)
Comerciantes
155
5.16 (%)
Eclesiásticos
305
10.16 (%)
Empleados
87
2.90 (%)
Estudiantes
175
5.83 (%)
Ff.Armadas
57
1.90 (%)
Funcionarios
70
2.33 (%)
Industriales
205
6.83 (%)
Jornaleros
196
6.53 (%)
Labradores
656
21.86 (%)
Mujeres
113
3.77 (%)
Prof.liberales
243
8.10 (%)
Propietarios
456
15.19 (%)

Fuente:Ibid.

Especial relevancia tendría en la provincia de Toledo la persecución religiosa, la norma general fue la detención de los sacerdotes, siendo fusilados casi todos los que no pudieron o no quisieron huir. Se cuenta un reducido número de sacerdotes a quienes se les facilitó salvoconducto para salir de la localidad donde no se les ofrecía garantía de seguridad y otro mucho menor de aquéllos a quienes se les guardó en sus pueblos, sancionados con multas u obligados a prestar servicios burocráticos en las oficinas y comités o condenados a trabajos forzados.

Paralelamente se produjo la destrucción de los templos que habían sido cerrados inmediatamente al culto, saqueados; incendiadas o mutiladas las imágenes, quedando los edificios, después de despojados, incautados por los Comités y destinados a los usos profanos más diversos: salones de cine, teatro, centro de reunión, cocheras, cuadras, graneros, etc. Los conventos corrieron suerte análoga y los religiosos también fueron asesinados. Las religiosas hubieron de desalojar sus casas aunque ninguna de ellas fue fusilada.

Por citar algún caso ocurrido en la provincia, en Ocaña, la noche del 19 al 20 de octubre de 1936 un grupo de unos trescientos milicianos al que se unieron fuerzas del la guardia exterior del reformatorio, entraron en el despacho del director a quien pidieron la entrega de detenidos para su traslado a lo que se negó. Finalmente consiguieron, con amenazas y violencias, llegar a las celdas de donde, a golpes y culatazos, fue sacado un grupo muy numeroso de personas. Atados de dos en dos, sin cesar en sus malos tratos, los subieron en cuatro camiones que habían colocado en la puerta del establecimiento y al llegar a las tapias del cementerio les bajaron a bayonetazos y culatazos y fueron fusilados. A la mañana siguiente los enterraron cuando algunos aún se encontraban con vida.

En la capital, una parte de las milicias estaba constituida por hombres de los partidos del Frente Popular locales y provinciales e incluso de otras provincias. Su número fue superior al millar y quedaban fuera de las atribuciones del Comandante Militar. Formaban los grupos pequeños y sanguinarios que ostentaban nombres rimbombantes y que se caracterizaron por su cobardía frente al enemigo y su crueldad en la retaguardia.

Los asesinatos, en número aproximado de trescientos, comenzaron en fecha muy temprana (el mismo 23 de julio, cuando la ciudad podía considerarse en manos de los revolucionarios excepto el enclave del Alcázar). Los valores de la segunda quincena de julio vuelven a alcanzarse en las mismas fechas de agosto para remitir lentamente en septiembre conforme aumentaba el cansancio y disminuía la seguridad de los sitiadores.
Eby afirma que desde el 23 de julio bandas de milicianos recorrían las calles cogiendo “fascistas” y curas. Los primeros eran encerrados para interrogarles y los segundos asesinados donde se les encontraba. Los jefes de Estado Mayor de la “Columna Toledo”, responsable del asedio, dejan ver este clima de terror en sus informes.
El más sonado de los fusilamientos practicados en Toledo mientras se atacaba el Alcázar tendría lugar días después, la noche del 22 de agosto. Un avión nacional había logrado situarse a escasa altura sobre el patio central del Alcázar y dejado caer con éxito un saco de víveres y un mensaje alentador. En cambio, un intento de la aviación roja para bombardear la fortaleza tuvo fatales resultados para los sitiadores que murieron por decenas al caer las bombas extramuros de la fortaleza. La reacción no tardó en estallar. Aquella misma noche era asaltada la cárcel por turbas de milicianos que se hicieron cargo de las listas y fueron nombrando hasta 70 presos:
“Atados de dos en dos, la fila se iba alargando; una vez terminada la operación
preliminar, se descorrieron los cerrojos carcelarios, y entre las sombras
de la noche, en procesión dantesca que rezaba el rosario y cantaba
himnos religiosos, fueron llevados los detenidos por el paseo del Tránsito y San
Juan de los Reyes hasta la puerta del Cambrón. Aquí se dividió el grupo. Unos
quedaban en la parte exterior de la puerta, los otros son apostados en la Fuente
del Salobre. Frente a los grupos hay unas ametralladoras preparadas y varios
automóviles, con cuya luz se ilumina macabramente aquella escena...” (Juan Francisco RIVERA, La persecución religiosa en la diócesis de Toledo, Toledo, 1995, p.365).
Perecieron allí el deán de la catedral primada, doctor Polo Benito, once hermanos maristas y diez sacerdotes. Entre los paisanos se encontraba el joven Luis Moscardó, hijo del defensor del Alcázar. Merece reproducirse aquí la conversación telefónica sostenida por el Coronel Moscardó tal y como aparece en su diario:
“El día 23 de julio por la tarde, sonó el teléfono, pidiendo hablar conmigo. Me
pongo al aparato y resultó ser el jefe de las milicias de Toledo, quien, con voz
tonante, me dijo: -Son ustedes responsables de los crímenes y de todo lo que
está pasando en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el
Alcázar, y, de no hacerlo, fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí a mi lado.
Contesté: -No lo creo. Jefe de milicias: -Para que vea que es verdad, ahora se
pone al aparato. Hijo: -¡Papá! Yo: -¡Qué hay, hijo mío? Hijo: -¡Nada; que dicen
que si no te rindes me van a fusilar! Yo: -Pues encomienda tu alma a Dios y
muere como un patriota, dando un grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva España!
Hijo: -¡Un beso muy fuerte, papá! Yo, al jefe de milicias: -¡Puede ahorrarse el
plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, pues el Alcázar no se rendirá jamás”.
(Cit. Por MARTINEZ BANDE, José M.: Los asedios; San Martín, Madrid,
1983; p. 41.)
El 2 de septiembre se constituyó en el que fue Palacio Arzobispal el Tribunal Popular bajo la presidencia de Juan José González de la Calle y formado por el Magistrado Leoncio Rodríguez Aguado y el Juez de Primera Instancia Domingo Segarra Armengot, como tribunal de Derecho, y representantes del P.S.O.E., Partido Comunista, U.G.T., J.S.U., Izquierda Republicana, F.A.I. y C.N.T. como jurado. En una memoria auto-justificativa redactada con posterioridad, el fiscal del tribunal Popular relataba así el significado de este nuevo organismo:

“En Toledo, dominado de facto por turbas políticas mayoritariamente procedentes
de presidios por causas no políticas, la presencia del Tribunal fue acogida con
hostilidad. Un órgano jurisdiccional constituido con arreglo a normas de derecho
como exponente de una justicia oficial que hasta entonces brilló por su
ausencia, habría de representar forzosamente un freno a los desmanes de los
primeros días ... En este ambiente de violencia y amenaza, del que también eran
víctima muchas personas republicanas e incluso socialistas disconformes con
el terrorismo, se constituyó el Tribunal Popular de Toledo...” (“Memoria
expresiva del funcionamiento y resultados de la actuación del Tribunal Popular
de Toledo por el Ldo. Nicolás González Domingo, fiscal que fue del citado
organismo jurisdiccional” (8-diciembre-1940) en Archivo Histórico Nacional,
"Causa General” Leg. 1049).

lunes, 22 de septiembre de 2008

EN EL L ANIVERSARIO DE PIO XII



Imagen: Pío XII en medio del pueblo después del Bombardeo de Roma por los Aliados



El domingo 9 de octubre próximo, Benedicto XVI presidirá la celebración de la Eucaristía en el Vaticano con motivo del 50º aniversario de la muerte del siervo de Dios, el Papa Pío XII. Otros actos organizados en torno a dicha conmemoración serán un congreso sobre su magisterio organizado por el Consejo Pontificio de Ciencias Históricas en las Universidades Pontificias Gregoriana y Lateranense, del 6 al 8 de noviembre de 2008; una exposición fotográfica con el título de "Pío XII: el hombre y el pontificado", presentada en el Brazo de Carlomagno, del 21 de octubre 2008 al 6 de enero de 2009. simismo la Fundación “Pave the Way”, dedicada a promover el diálogo interreligioso, reunió del 15 al 17 de septiembre a algunos de los mayores expertos mundiales sobre la figura de este Papa para analizar, en particular, su relación con el pueblo judío.

Con relativa frecuencia, vienen apareciendo en los medios de comunicación noticias y comentarios que, en relación con este Papa de santa memoria, no dudan en calumniarle y atribuirle las más aviesas intenciones. No hace falta advertir que estas voces siempre provienen de notorios, y bien respaldados económicamente, enemigos de la Iglesia pero, para prevenir las perplejidades que estos comentarios pueden causar en católicos poco informados, creemos oportunas algunas precisiones sobre la figura de este Romano Pontífice cuyo proceso de beatificación está muy avanzado y a quien esperamos venerar muy pronto en los altares.

Desde España estamos especialmente obligados a rendir este homenaje de gratitud y fidelidad a Pío XII ya que él siempre demostró su cariño y paternal solucitud hacia nuestra Iglesia y nuestros gobernantes. Merece mencionarse aquí el mensaje que dirigió al pueblo español con ocasión de la Victoria:

«...Los designios de la Providencia, amadísimos hijos, se han vuelto a
manifestar una vez más sobre la heroica España. La nación elegida por Dios,
principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte
inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo
materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo
están los valores eternos de la religión y del espíritu...» (16-abril-1939).
Y algunos años después se dirigía a una misión española presidida por don Alberto Martín Artajo en los siguientes términos:

«...La España católica conoce lo que son ciertos horrores y puede ser que esta
experiencia haya sido una gracia especial de lo Alto para mantenerla apartada de
no leves peligros. Nuestro ferviente deseo es que ella sepa aprovechar tan
señalado bien, progresando continuamente en la reorganización de sus medios de
producción, en la estructuración de sus instituciones fundamentales, en la
regulación práctica de principios que ha aceptado y reconocido siempre, en la
inserción de sus ricas esencias nacionales dentro de la armonía general de los
pueblos y, sobre todo, en la plena pacificación de los espíritus, como
consecuencia principal de una auténtica proyección de sus altos ideales
cristianos sobre todos los aspectos de su vida económica, cultural y social...»
(3-noviembre-1956).
Hace unos años apareció un libro que vio la luz en numerosos países e idiomas (recuérdese lo que dijimos sobre el poder económico de estos grupos de presión) y que lleva un título que es ya por sí mismo un vulgar reclamo publicitario y una calumnia: «El Papa de Hitler. La historia secreta de Pío XII». Su autor declaraba con pretenciosa seguridad que se trata del «primer juicio científico y honesto» sobre este Papa y, sin embargo, también aparecía en L’Osservatore Romano (13-octubre-1999) una nota en la que, después de recordar que John Cornwell no tiene ni siquiera un título académico de historia, derecho o teología, demuestra que sus consultas en el Archivo Secreto Vaticano (fuente documental inexcusable para todo el que quiera decir una palabra de relevancia sobre el tema) fueron únicamente durante tres semanas y en períodos de tiempo muy breves. Además, no tuvo acceso a ningún documento posterior a 1922 (ya que a partir de dicha fecha el archivo no estaba entonces abierto al público) mientras que el Pontificado de Pío XII comienza en marzo-1939.

Es decir, estamos ante un libro de nulo valor documental y que únicamente representa una nueva arma propagandística que hay que sumar a la campaña desatada contra la persona y el pontificado de Pío XII. El nudo del problema está en su postura ante la Segunda Guerra Mundial que ha llevado a hablar algunos de un triple silencio por parte del Papa: ante la guerra como tal, ante el genocidio judío, y ante los otros horrores cometidos por los nazis en todos los países.

«Ya se ha dado una respuesta satisfactoria. Basta leer al Padre Blet», fue la respuesta tajante de Juan Pablo II a un grupo de periodistas que le preguntaban a propósito de este presunto silencio de Pío XII. En efecto, Pierre Blet, jesuita y profesor emérito de historia en la “Pontificia Universidad Gregoriana” de Roma, junto con otros famosos historiadores ha examinado a fondo la documentación de la Santa Sede relativa a la Segunda Guerra Mundial (que, por cierto, había comenzado a publicarse en una numerosa serie de volúmenes años atrás). Una buena síntesis del resultado de esta investigación puede verse en un libro que concluye así:

«El Papa Pacelli se declaraba consciente de haber hecho para evitar la guerra,
para aliviar los sufrimientos, para contener el número de víctimas, todo lo que
había creído poder hacer. En cuanto los documentos permiten entrar en el secreto
del corazón, éstos nos llevan a la misma conclusión» (BLET, P., Pío XII e la
Seconda Guerra mondiale negli Archivi Vaticani
, San Paolo, Milano, 1999).

Olvidan pues, los que hacen un juicio apresurado sobre el Papa, que «no compete propiamente a la investigación histórica establecer o discutir lo que se habría debido hacer, si se podía hacer mejor o peor, sino ilustrar y tratar de comprender lo que se hizo y por qué se hizo así» (Miccoli).

Una consulta serena de la documentación disponible revela la verdadera actitud de Pío XII y la falta de fundamento de las acusaciones lanzadas contra su memoria. En primer lugar se pone en evidencia cómo los esfuerzos de su diplomacia por evitar la guerra, para disuadir a Alemania de atacar a Polonia y para convencer a Italia de separarse de Hitler, llegaron al límite de sus posibilidades.

En cuanto a la persecución a los judíos, no es cierto que hubiera un silencio total. Pío XII denunció claramente la persecución en el mensaje de Navidad de 1942 y en la exhortación del 2-junio-1943. En el primero de ellos pedía el fin de la guerra y recordaba «a los centenares de miles de personas que sin ninguna culpa, a veces por la sola razón de su nacionalidad o de su raza, han sido llevados a la muerte» y en 1943 vuelve a denunciar las masacres pero a la vez advierte que debe ser cauto «en el interés mismo de los que sufren para no dificultar más su posición». Ahora bien, tampoco se puede pretender que Pío XII diera pábulo con intervenciones apresuradas a la propaganda de guerra de los Aliados quienes, por cierto, estaban siendo responsables de buena parte de ese derramamiento de sangre.

Los documentos evidencian los esfuerzos tenaces y continuos del Papa para oponerse a las deportaciones. El aparente silencio escondía una gestión secreta a través de las Nunciaturas para evitar y limitar las violencias. Así, fueron cientos de miles las vidas salvadas por el Papa y sus colaboradores, y el propio Pío XII frenó personalmente la deportación de los judíos del “gueto” de Roma. Las grandiosas declaraciones públicas (a las que hoy nos han acostumbrado los políticos que asisten impasibles al exterminio de pueblos enteros) no habrían servido para nada y hubieran empeorado la suerte de las víctimas. Bien alto habló la Santa Sede en los años anteriores para denunciar que la desenfrenada carrera del liberalismo, del comunismo y del nazismo habría de llevar al mundo al caos y sin embargo la orgullosa Europa, donde burgueses y marxistas se daban la mano para coincidir en un burdo anticlericalismo, no quiso escuchar la voz de Roma: ¿por qué habría de hacerlo ahora?

Al terminar la guerra, muchos tuvieron que reconocer cuánto se habría evitado de haberse atendido las peticiones del Papa en favor de la paz. El agradecimiento público de personalidades de todo tipo, como las grandes figuras del judaísmo o el presidente Roosvelt, son pruebas de este reconocimiento a su obra. Es de señalar a este respecto, la deuda contraída con Pío XII por la ciudad de Roma que le dio el título de Defensor: fueron muchos los refugiados que encontraron ayuda y acogida en la Ciudad del Vaticano y en las numerosas casas religiosas existentes; cuando Roma fue brutalmente bombardeada por los aliados que causaron miles de víctimas en los barrios más populares, el Papa acudió a los sitios de mayor peligro para compartir con todos sus temores e inquietudes y él contribuyó de modo decisivo a que Roma fuese reconocida como “ciudad abierta” y se salvase de la destrucción.

A una pregunta sobre las causas de esta leyenda negra injustificable, respondía tajante el padre Blet:

«A que a Pío XII no se le ha perdonado nunca el haber frenado el comunismo en
Italia, empeño en el que se empleó a fondo. Los ataques al Papa Pacelli por su
actitud en la Segunda Guerra Mundial surgen a partir de la obra teatral “El
Vicario” puesta en escena en el año 63, de Rolf Hochuth, autor alemásn del que
hay razones suficientes para pensar que era dirigido por los servicios del Este»
(Diario ABC, 28-marzo-1998).
Valga por último un paralelismo con el caso español que resulta especialmente gráfico para comprobar como se asiste a una distorsión semejante de la historia. Aquí, los incendios de iglesias se iniciaron en 1931 y se prolongaron durante años; en Octubre-1934 (mucho antes de comenzar la guerra) se había asesinado a 37 sacerdotes, religiosos y seminaristas; la legislación republicana trató de marginar a la Iglesia de toda presencia social... Por otra parte, la segunda fase de la persecución se inició con toda rapidez, mucho antes de que la jerarquía tuviera tiempo de pronunciarse en un sentido al que se vio inclinada, necesariamente, a causa de la proscripción vandálica de la vida religiosa que estaba teniendo lugar en zona republicana en la que estaba en juego hasta la simple supervivencia física como dan fe las casi siete mil víctimas solo entre sacerdotes y religiosos.

Y sin embargo, desde determinados ambientes se acumulan los reproches hacia la Iglesia española y se quiere provocar un unilateral “mea culpa” que condene en bloque todo lo que se hizo entre 1936 y 1975, un pedir perdón público acompañado de una sensación de inferioridad que deje a la Iglesia acomplejada ante el mundo e incapaz de llevarle la savia del Evangelio (¿Quién se atrevería a hacerlo con semejantes precedentes? ¿Para que otros tengan que pedir perdón por lo que nosotros hicimos?).

Cuando un hombre pierde la memoria queda sin identidad, está incapacitado para seguir construyendo su futuro y resulta fácilmente manipulable. También una Iglesia sin memoria de su propia historia o con una memoria sesgada sería fácilmente manejable por los poderosos de hoy que necesitan que nadie oponga la Verdad a sus mentiras. Estamos tranquilos porque sabemos que Cristo ha vencido al mundo (Jn 16,33) pero los cristianos debemos, como modesta aportación a la misión de la Iglesia, conocer nuestra historia y aprender de nuestros mayores una fidelidad al Evangelio que ellos vivieron incluso en las circunstancias más difíciles.

jueves, 18 de septiembre de 2008

LAS PÉRDIDAS HUMANAS EN LA GUERRA CIVIL, UN FALSO DEBATE




La llamada recuperación de la memoria histórica forma parte de un proyecto político-cultural mucho más amplio que tiene necesidad de un genocidio para la descalificación sin paliativos del bando nacional y de la España de Franco, primer paso para la reivindicación de la Segunda República con cuya presunta legitimidad pretenden conectar a la España actual la extrema izquierda y los regionalismos separatistas.

El camino para alcanzar este objetivo pasa por reavivar artificialmente el debate sobre el número de víctimas pretendiendo demostrar mediante la abultada disparidad de las cifras debida a la represión en los dos bandos que el Gobierno republicano se habría visto desbordado por la actividad de grupos incontrolados mientras que en zona nacional eran las propias autoridades quienes dirigían una acción represiva que adquirió caracteres de exterminio. Así, en la línea del periodista Peter Weyden, José Fontana hace de lo que él llama las sangrientas matanzas de Badajoz un anticipo de Auschwitz y hace unos días en la edición en inglés de “El País" (suplemento del "Herald Tribune") se hablaba de 90.000 “desaparecidos” como consecuencia del franquismo, cifra por cierto relativamente baja y que sin duda costará una reprimenda al poco avezado redactor, porque no olvidemos que el oráculo de la historiografía de izquierdas Gabriel Jackson hablaba de 200.000 muertos sólo para la posguerra y los neosocialistas no bajan hoy de 150.000 para toda la guerra y posguerra. Cifras todas ellas, carentes de cualquier fundamento.

Por el contrario, una revisión documental y bibliográfica centrada en la cuestión de las cifras de pérdidas humanas, permite comprobar que los resultados a que se había llegado hace unos años en el estudio de las repercusiones demográficas de la Guerra Civil pueden considerarse definitivos —sin olvidar la relatividad que la historiografía da siempre a este término— y que carece de fundamento el revisionismo propuesto por aquellos autores que actualmente van acompañados del visto bueno y del aval económico de la clase política.

Con razón se ha dicho que la verdadera importancia de la Guerra Civil Española en la historia del siglo XX no es tanto geopolítica o estratégica como ideológica y cultural. Estos dos últimos conceptos resultan especialmente apropiados si los ensanchamos hasta poder considerar la guerra española de 1936 como un enfrentamiento entre dos concepciones del mundo: la occidental y cristiana y las nuevas formas del totalitarismo que, procedentes de la Unión Soviética, comenzaban por entonces a expandirse. El final de la Segunda Guerra Mundial dio paso al deterioro del gravoso acuerdo de las potencias occidentales con la Unión Soviética —prevista ya por Franco en su carta a Churchill del 18 de octubre de 1944 — y, en la reordenación de las alianzas durante la Guerra Fría, España quedó definitivamente incorporada al mundo libre consolidándose así una trayectoria que se había iniciado en julio de 1936.

Esta circunstancia no podía dejar de tener su repercusión en las propias manifestaciones del conflicto y la honda brecha que se manifestó entre los españoles en los más diversos terrenos (religioso, político, social, de identidad nacional...) hace que, a las lógicas pérdidas humanas ocasionadas por las consecuencias directas e indirectas de las operaciones militares, se unieran, y en número muy elevado, las causadas en ambas retaguardias por las represalias, asesinatos y ejecuciones que se prolongaron durante los primeros años de la posguerra. Pero un correcto análisis historiográfico no puede olvidar que las muertes debidas a la represión se sitúan en un contexto bélico y que, incluso si les sumamos las ocasionadas como consecuencia de las operaciones militares, no son las únicas con trascendencia en el terreno demográfico. En tiempo de guerra se muere más pero también hay menos nacimientos. Por otra parte, la sobremortalidad no afecta exclusivamente a quienes mueren habitualmente (en aquel momento ancianos y niños) sino a hombres jóvenes, no tanto a gente inactiva e infecunda cuanto a aquellos que se encuentran en edad óptima para el trabajo y la paternidad. Además, la guerra separa a los cónyuges, retrasa los matrimonios y hace abandonar sus tareas habituales a la población activa, situación que puede prolongarse en la posguerra para los derrotados. Por último —y esta enumeración no es exhaustiva— los avatares del frente originan unos desplazamientos de población que pueden llegar al exilio definitivo. En síntesis, los efectos demográficos, las pérdidas humanas de la guerra, resultan de gran trascendencia para el futuro de un país cuya vida y cuyos habitantes se verán afectados necesariamente por los vacíos generacionales a consecuencia, sobre todo, del aumento de la mortalidad y la disminución de la natalidad. Éste es el complejo panorama histórico y demográfico que se oculta cuando solamente se habla de los muertos por una causa (la represión) y en un bando (el frentepopulista).

Ahora bien, si hoy podemos afirmar que estamos ante órdenes de magnitud muy ajustados para conocer el total de víctimas causadas por la Guerra Civil Española, no se debe a otra cosa que a un largo proceso en el que la historia ha desplazado a las afirmaciones exageradas e interesadas de la propaganda y en el que los trabajos sucesivos han permitido llegar al actual estado de la cuestión. Las principales referencias son una temprana investigación acerca de las repercusiones demográficas de la Guerra Civil de Jesús Villar Salinas (publicada en 1942) y la obra de Ramón Salas Larrazábal (1977) a la que hemos hecho algunas precisiones que hoy nos parecen comúnmente aceptadas. En 1985, Juan Díez Nicolás basándose en las tasas de mortalidad de las defunciones inscritas, estimaba que entre 1936-1941 habían muerto violentamente unos 300.000 varones, cifra muy similar a las obtenidas por los hermanos Salas Larrazábal y a la que se deduce de las oficiales por causa de muerte. A una conclusión semejante llegaban Tomas Vidal y Joaquín Recaño, quienes atribuyen al conflicto medio millón de bajas, incluida la emigración. Por último, podemos verificar que el orden de magnitud señalado (unas 300.000 muertes violentas) encaja en el balance demográfico general atribuible a la Guerra Civil. Para ello acudimos a las cifras de población absoluta y del movimiento natural observado en los años 1930-1950 y efectuamos una proyección de población estimando cuál hubiera sido el crecimiento de la población absoluta en caso de no haberse hecho notar las consecuencias del conflicto. En la hipótesis propuesta, la pérdida de población (puesto que la tasa aplicada ya acusa la caída de la natalidad y la emigración queda compensada por el retorno de los años anteriores) sería de 594.269 personas. Como la sobremortalidad por enfermedad se sitúa algo por encima de las 300.000, cabría atribuir a las muertes violentas una cantidad semejante, volviéndonos a situar en las cifras de referencia (300.00 bajas, incluyendo acción de guerra y represión).

90.000 “desaparecidos” es una cifra redonda con la que se pretende superar las no menos arbitrarias que se han en otras ocasiones; subirá o bajará según les interese a sus promotores. Pero no es esa la cuestión más importante. En un mitin celebrado en Badajoz el 18 de mayo de 1936, el diputado comunista por Sevilla Antonio Mije amenazó a los enemigos del Frente Popular en términos muy claros:

«Yo supongo que el corazón de la burguesía de Badajoz no palpitará normalmente
desde esta mañana al ver cómo desfilan por las calles con el puño en alto las
milicias uniformadas; al ver cómo desfilaban esta mañana millares y millares de
jóvenes obreros y campesinos, que son los hombres del futuro Ejército Rojo
[...]. Este acto es una demostración de fuerza, es una demostración de energía,
es una demostración de disciplina de las masas obreras y campesinas encuadradas
en los partidos marxistas, que se preparan para muy pronto terminar con esa
gente que todavía sigue en España dominando de forma cruel y explotadora»
(Claridad, Madrid, 19-mayo-1936).

Es decir, que en la primavera de 1936, a la “burguesía”de Badajoz (o sea, a todos aquellos que no formaban parte del Frente Popular) les bastaba asomarse a la calle o leer un periódico socialista para contemplar el embrión de un verdadero ejército que se preparaba «para terminar con esa gente». Gente que, desde 1931, sabía muy bien lo que significaban aquellas palabras porque había tenido ocasión de comprobarlo en sucesos como el brutal linchamiento de cuatro guardias civiles en Castilblanco, los asaltos, incendios y saqueos de propiedades, la intentona revolucionaria de diciembre de 1933 en Villanueva de la Serena, el asesinato del primer falangista en Zalamea, la huelga campesina de junio de 1934 abortada por Salazar Alonso desde el Gobierno, la manipulación de los resultados electorales en la provincia de Cáceres en febrero de 1936 o las violencias alentadas por alcaldes como el llamado Pepe el fresco desde su feudo de Zafra. En todo caso, el tiempo habría de demostrar que el corazón de aquellos burgueses todavía palpitaba con la suficiente normalidad como para no asistir pasivos a su propio exterminio.

Esta es la tragedia histórica que el Partido Socialista quiere ocultar y, para eso, necesita miles de muertos. Si no existen… la realidad nunca ha sido problema para unos dirigentes políticos que nos invitan a diario a instalarnos en una existencia virtual en la que se dan la mano la pornografía y la mentira.



http://www.diarioya.es/content/las-pérdidas-humanas-en-la-guerra-civil-un-falso-debate

viernes, 12 de septiembre de 2008

LA PROFECÍA QUE NADIE SE HUBIERA ATREVIDO A ESCRIBIR

El pasado 12 de septiembre se celebraba la fiesta del Santo Nombre de María. «Y el nombre de la Virgen era María» (Lc 1, 27), nos dice San Lucas. En la Sagrada Escritura el nombre expresa la personalidad del que lo lleva, de la misión que Dios le encomienda al nacer, la razón de ser de su vida. Por eso un ángel revela a José el nombre que le ha de imponer al Hijo de Dios: «Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21). Si los nombres de los personajes bíblicos juegan papel tan importante en nuestra redención y están llenos de sentido, el de María tenía que ser representativo de su vocación como Madre de Dios y Madre de la Iglesia. «Yo, como una viña, di aroma fragante. Mis flores y frutos son bellos y abundantes. Soy la madre del amor hermoso, del temor, de la santa esperaza. Tengo la gracia del camino y de la verdad. En mí está la esperanza de la vida» (cf. Eclo 24, 17ss). Por eso, a lo largo de los siglos todos los cristianos han invocado el nombre de María con respeto, confianza y amor... El más dulce y suave, y, al mismo tiempo, el más bello de cuantos nombres se han pronunciado en la tierra después del de Jesús. Sólo para los nombres de María y Jesús ha establecido la liturgia una fiesta especial en su calendario.

España se anticipó en solicitar y obtener de la Santa Sede la celebración de la fiesta del Dulce Nombre de María, inseparable de nuestra historia: de Covadonga a Lepanto o en la “Santa María”, la carabela de Colón. El Papa Inocencio XI extiende a toda la Iglesia la festividad del dulce y santísimo nombre de María para conmemorar el triunfo de las tropas cristianas en el asedio de Viena por los Turcos el 12 de septiembre de 1663.

Pese a tantos siglos de historia y devoción, o precisamente por eso, esta conmemoración tuvo mala prensa durante los años de la reforma litúrgica pues fue expulsada del Calendario aunque, recientemente, ha sido recuperada de manera un poco tímida con la categoría de “memoria libre”. El culto a Santa María ha sufrido durísimos embates no solamente desde fuera sino desde dentro de la propia Iglesia contaminada de filo-protestantismo. Recuerdo que en el libro de texto de Mariología que estudié en el Seminario (editado por la llamada Biblioteca de Autores Cristianos) se definía a la Santísima Virgen mientras vivió en la tierra como «La madre de un judío marginal». Sencillamente, una blasfemia que antaño nadie se hubiera atrevido a escribir. Ni siquiera aquellos herejes que airadamente fueron rebatidos en el Concilio de Éfeso o por el cálamo de San Ildefonso de Toledo.

La pasada semana evocábamos las palabras pronuncias por la Virgen con ocasión de la Visitación a Santa Isabel: «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones»(Lc 1, 48). La Teología tradicional concede un gran valor a las profecías a la hora de proceder a la demostración de los fundamentos racionales de la fe católica. Veinte siglos después, al comprobar el exacto cumplimiento de este vaticinio, tenemos que reconocer que las palabras de la Virgen quizás sea una de las profecías con mayor valor apologético de toda la Sagrada Escritura. «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones», ¡Que gran verdad se esconde detrás de esa frase que nadie se hubiera atrevido a inventar si no hubiera sido pronunciada por una mujer que vivía en una aldea de Galilea en el siglo primero. Una mujer que no era la madre de un judío marginal. Una mujer que es la Madre de Dios. ¿Necesitas más “razones” para ser católico?.
ORACIÓN A MARÍA
(Con licencia eclesiástica)

Alma de María, santificadme.
Cuerpo de María, purificadme.
Corazón de María, inflamadme.
Dolores de María, confortadme.
Llanto de María, consoladme.
Oh dulce María, atendedme.
Con benignos ojos, miradme.
En mis clamores, oídme.
Por vuestros santos pasos, dirigdme.
A vuestro Hijo Divino, rogad por mí.
El perdón de mis culpas, alcanzadme.
Devoción a tu sacro Rosario, infundidme.
Amor a Dios y al prójimo, concededme.
No permitáis apartarme nunca de ti.
En la hora de mi muerte, amparadme.
De mis enemigos, defendedme.
Tras el escudo de tu santo nombre, escondedme.
Con vuestro real manto, cubridme.
En el instante fatal de mi agonía, asistidme.
De morir en pecado, libradme.
En manos de Jesús, entregadme.
A la mansión eterna, llevadme,
para que con los Ángeles
y santos os alabe
por todos los siglos de los siglos.
Amén

EL NEOMARXISMO




Conferencia en las Conversaciones en el Valle
Universidad San Pablo-CEU, Madrid, 24-octubre-2007
Publicada en: Altar Mayor 118-1(2008)49-53

Se podría pensar que con la “Perestroika”, la caída del Muro de Berlín y la apertura del Este, el comunismo ha sido superado. De hecho, los países satélites del Pacto de Varsovia han sido liberados de la dominación soviética y cuentan hoy con estructuras democráticas similares a las del occidente europeo; el muro de Berlín cayó y las dos Alemanias se han reunificado. El sistema económico del comunismo ha sido sustituido por sistemas orientados a la economía social de mercado occidental. Incluso en China se asiste a transformaciones económicas sustanciales por más que permanezca en pie el modelo político. Lo de Cuba parece cuestión de tiempo… En cambio, también podemos constatar el auge que está alcanzando, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, el “socialismo del siglo XXI” así como el protagonismo de Lula, Evo Morales, Kirchner, Nicanor Duarte, Rafael Carrera, Daniel Ortega y Rodríguez Zapatero. Estos izquierdistas de comienzos del siglo XXI idolatran a Fidel Castro, uno de los déspotas más sanguinarios de la historia, y buscan eternizarse en el poder mediante el cambio de la constitución de sus países y la reelección ininterrumpida. El socialismo sigue avivando el populismo, inspirando despotismo e intolerancia, sembrando el odio, debilitando la libertad y el imperio de la ley y frenando el progreso de los pueblos.

La interpretación de este hecho puede ir en la siguiente dirección: el comunismo en cuanto aplicación de una filosofía, de una concepción de la vida, es un principio que puede ser realizado de distintos modos, conforme a las distintas características de los diversos períodos históricos. Aún más, su acción se adapta de modo necesario a las condiciones históricas. Por tanto, si bien el comunismo bolchevique se derrumbó, el comunismo mantiene una vigencia histórica, bajo formas calificadas como neomarxismo, neocomunismo o neosocialismo. Aunque también podríamos hablar de neoconservadurismo o neoliberalismo. Sería el magma en el que se mueven todos los que se desenvuelven en el ámbito democrático, una ideología común que va más allá de la aparente división entre derechas e izquierdas. Hoy más que nunca aparece recompuesta la unidad de los vencedores en la Segunda Guerra Mundial, rota temporal y aparentemente durante los años de la Guerra Fría.

Como consecuencia de esa adaptación a la realidad, el modelo de insurrección bolchevique fue descartado para definir y asumir un modelo distinto, más complejo y más profundo pues compromete orgánica e integralmente las conciencias de las personas. De hecho, la estrategia de acción política directa dio paso a una estrategia de acción cultural indirecta, fundada en un proceso de transformación de las mentalidades.

Fue el propio Carlos Marx quien estableció el principio materialista dialéctico según el cual la infraestructura (economía/materia) determina la superestructura (cultura/espíritu), razón por la cual la revolución debía ser realizada por el proletariado contra la burguesía, es decir, de abajo hacia arriba. Con el afán de realizar la revolución mundial y observando las dificultades que enfrentó el proceso revolucionario en Rusia, Antonio Gramsci, Secretario General del Partido Comunista italiano (1891-1937), profundizó el principio del materialismo dialéctico y adaptó el comunismo a la realidad de Occidente.

LA ESTRATEGIA GRAMSCIANA
Gramsci desarrolló entonces el concepto de hegemonía ideológica consignando que el movimiento entre infraestructura y superestructura es de carácter dialéctico. Es decir, que si la infraestructura material determina la superestructura ideológica, política, cultural y moral, esta superestructura a su vez puede tener vida propia y actuar sobre la infraestructura.

Partiendo de tal premisa, estableció un modelo revolucionario según el cual la hegemonía cultural es la base de la revolución comunista, significando con ello que ésta depende de la capacidad que las fuerzas revolucionarias adquieran para controlar los medios que permiten dirigir la conciencia y conducta social. Una revolución así entendida consiste en modificar de manera imperceptible el modo de pensar y sentir de las personas para, por extensión, terminar modificando final y totalmente el sistema social y político.

La estrategia gramsciana estaba diseñada del siguiente modo:

1.- Para imponer un cambio ideológico era necesario comenzar por lograr la modificación del modo de pensar de la sociedad civil a través de pequeños cambios realizados en el tiempo en el campo de la cultura. Había que construir un nuevo pensamiento, entendido como el modo común de pensar de la gente que históricamente prevalece entre los miembros de la sociedad. Para Gramsci, esto era más importante, y prioritario, que alcanzar el dominio de la sociedad política (conjunto de organismos que ejercen el poder desde los campos jurídico, político y militar).

2.- Para lograr este objetivo era necesario adueñarse de los organismos e instituciones en donde se desarrollan los valores y parámetros culturales: medios de comunicación, universidad, escuela... Después de cumplido este proceso, la consecución del poder político caería por su propio peso, sin revoluciones armadas, sin resistencias ni contrarrevoluciones, sin necesidad de imponer el nuevo orden por la fuerza, ya que el mismo tendría consenso general.

Un modelo histórico de actuación de acuerdo con estos principios sería la mentalidad ilustrada preparando el terreno para lo que luego sería la Revolución Francesa y el liberalismo extendido por toda Europa y América gracias al cambio de pensamiento hegemónico promovido desde el siglo anterior.

3.- Para tener éxito, habría que sortear dos obstáculos: la Iglesia Católica y la familia.

LA ESCUELA DE FRANKFURT
La estrategia dispuesta por Gramsci fue proyectada por la llamada Escuela de Frankfurt, originalmente fundada en 1923 como Instituto para el Nuevo Marxismo y luego denominado Instituto para la Investigación Social para encubrir su objetivo sentido político.

Por autores como Georges Lukács, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Wílhelm Reich, Erich Fromm, Jean Paul Sartre, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, etc., se formula la doctrina del neomarxismo y a partir de él la izquierda elabora un concreto programa de acción estructuralista que logra una decisiva influencia en distintos campos del pensamiento, en la psicología (Lacan), la educación (Piaget) y la etnología (Levi Strauss), entre otros.

EL NEOMARXISMO REGRESA A EUROPA
Fueron básicamente estas elaboraciones ideológicas las que activaron y sustentaron el proceso revolucionario de los años sesenta del siglo XX, siendo particularmente efectivas entre los estudiantes de las Universidades de Francia y Alemania. Asimismo, estas ideas también serían la base tanto del llamado eurocomunismo como del neosocialismo desarrollado en distintas latitudes durante los años ochenta y noventa.

Estas raíces norteamericanas de la actual izquierda europea han sido expuestas con detalle por Paul Edgard GOTTFRIED (La extraña muerte del marxismo, Ciudadela, Madrid, 2007) y es una de las circunstancias que explican la escasa repercusión que en los comunistas y socialistas ha tenido la caída de la Unión Soviética: ideológicamente estaban más vinculados a USA que a la URSS y, probablemente, un régimen “duro” que se presentaba como paradigma de la ortodoxia comunista resultaba para ellos un obstáculo más que una referencia.

COMPONENTES DE LA MENTALIDAD Y DE LA ESTRATEGIA NEOMARXISTA
El principio constitutivo de esta creencia radica en un materialismo que niega la existencia de un principio anterior y superior al hombre. Explícitamente se niega la existencia de un Dios creador, se rechaza la existencia del alma humana y, por tanto, de toda esencia y toda trascendencia del ser. Se impone un sistema teóricamente multiculturalista basado en un relativismo absoluto, el cual implica la negación de la existencia de verdades absolutas de validez universal.

Asumiendo tales premisas, ¿cómo se manifiesta concretamente este nuevo tipo de acción revolucionaria?

La aplicación de este sistema procura generar un ánimo hostil contra todo tipo de autoridad, contra toda forma de jerarquía y orden sea en el terreno religioso o en el civil. La autoridad se degrada sistemáticamente en la Iglesia, el Estado, la familia o la enseñanza. Este quebrantamiento del orden natural conduce a una completa pérdida de principios y un radical decaimiento en la moral. Se desencadenan las pasiones en los niños y adolescentes a través de una educación sexual estatal o de los medios de comunicación que gestan un ambiente de impureza omnipresente. A fin de romper la estructura del sistema social, se introduce un igualitarismo radical proyectado en la ideología de género que proclama la superación del actual modelo de sociedad mediante la transformación de la diferenciación sexual en puras categorías culturales y, por consiguiente, opcionales y elegibles.

Una vez destruido el universo de valores hasta entonces vigentes, su lugar está siendo ocupado por una nueva hegemonía: la de esa mentalidad, hoy dominante, sustrato permanente de una práctica política socialista que es, al mismo tiempo, la consecuencia y el principal motor del proceso.

Al servicio de esta estrategia se ponen medios tan dispares como la democracia, la demolición del Estado nacional, la inmigración, la infiltración y auto-demolición de la Iglesia, la memoria histórica, la educación para la ciudadanía o la cultura de la dependencia promovida por una gestión económica de los recursos dirigida por el Estado.

¿HAY ALTERNATIVA?
Existe, pero únicamente será viable en la medida que tenga lugar la recuperación de la hegemonía en la sociedad civil. Algo que implica la lucha por la Verdad, que no se impone por sí misma, y la capacidad de generar instrumentos coercitivos que, al amparo de la ley, actúen como freno de las tendencias disgregadoras.

martes, 9 de septiembre de 2008

LA MEMORIA QUE NO SE QUIERE RECORDAR-OLVIDAR



Publicado en "La Razón", 9-septiembre-2008


La Iglesia católica, a la que Garzón reclama datos de sus archivos, sufrió durante la Guerra Civil la «mayor persecución religiosa de la historia» Cuatro mil sacerdotes y dos mil religiosos fueron asesinados


José R. Navarro Pareja MADRID- Cuando la pasada semana el juez Baltasar Garzón demandaba la colaboración de la Conferencia Episcopal para elaborar un listado de los represaliados durante la Guerra Civil y el franquismo incurría en una situación paradójica. Por una parte a instancias de descendientes de republicanos, solicitaba el acceso a unos archivos que, precisamente en la zona republicana, habían sido saqueados y destruidos en aquellos años. Por otra, demandaba la colaboración del Episcopado -y, quizás con ello, daba «pábulo a las calumnias sobre una posible responsabilidad de la Iglesia en la violencia desatada durante la Guerra Civil y en la represión posterior», como ayer señalaba el editorial de «analisisdigital.com» el diario digital de la diócesis de Madrid-, cuando, en realidad, la Iglesia católica fue la institución que más sufrió la violencia de aquellos años. Una represión que desencadenó la mayor persecución religiosa de la historia y que los que ahora reivindican la «memoria histórica» parecen querer olvidar. Sin embargo, como afirma Antonio Montero, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz y el primero en investigar la cuestión, «en toda la historia de la Iglesia universal no hay un solo precedente, ni siquiera en las persecuciones romanas, del sacrificio sangriento, en poco más de un semestre, de doce obispos, cuatro mil sacerdotes y más de dos mil religiosos». Esas son las cifras que hoy en día manejan los historiadores: más de seis mil consagrados (sacerdotes, seminaristas, y religiosos y religiosas) y un número difícil de determinar de laicos asesinados por una motivación exclusivamente antirreligiosa. Como señala el sacerdote e historiador Ángel David Martín Rubio en su libro «La cruz, el perdón y la gloria», esta represión «se desarrolló con gran crueldad» y la «finalidad de estos malos tratos cuando se aplicaban a sacerdotes y religiosos era, en muchas ocasiones, arrancarles blasfemias». Y añade, que otro elemento que abunda en este carácter «específicamente antirreligioso» son «las ejecuciones en masa, sin discriminación de sexo, edad o condición de las víctimas y, por supuesto, sin que aparezca en ellas ningún elemento político o social que pudiera explicarlas». Genocidio Atendiendo a la definición que hace la Real Academia -«exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad»- no es difícil calificar de genocidio la persecución religiosa de aquellos años. En Cataluña, Madrid y Valencia fue asesinado casi el treinta por ciento de los sacerdotes, y en algunas diócesis más pequeñas supuso la casi desaparición del clero. Es el caso de Barbastro, donde fueron asesinados el ochenta y ocho por ciento de los sacerdotes. Algo parecido ocurrió en la vida religiosa. Claretianos (259 asesinados), franciscanos (226) y escolapios (204) son las órdenes que sufrieron un mayor azote. Entre las femeninas fueron las Adoratrices y las Carmelitas de la Caridad (26 hermanas asesinadas en cada una de ellas) las que padecieron la persecución. Más difícil es cuantificar el número de laicos que murieron en aquella persecución. En ocasiones resulta muy difícil discernir si su asesinato era sólo por motivos religiosos o pesaban otras motivaciones de carácter político. Aun así, la Iglesia ha incluido en los procesos de beatificación buena parte de los casos en que ha podido certificar las razones eminentemente religiosas. Es el caso de Ceferino Giménez Malla, un gitano bautizado en Fraga, apodado «El Pelé», detenido y asesinado por llevar un rosario en el bolsillo. También son significativos los procesos a varios miembros de la Acción Católica, beatificados en 2001. Entre los eclesiáticos tampoco faltaron las fosas comunes. Algunas de ellas fueron reabiertas años más tarde, pero otras siguen perdidas. Como ejemplo, entre los mártires que fueron beatificados el año pasado fue imposible la localización de los restos de casi una treintena. Unos se encontraban en las fosas comunes de Ronda, Valdepeñas y Barcelona, o en el osario común del cementerio de la Almudena de Madrid. Seis de ellos fueron arrojados a un pozo de azufre de más de cien metros de profundidad, en Lorca (Murcia). Y los cadáveres de siete de ellos, simplemente desaparecieron en el mar Cantábrico, frente a las costas de Santander, donde fueron arrojados vivos, con las manos atadas al cuerpo y un gran lastre