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«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).
Mi caso personal. Madrugué e hice madrugar a mi esposa y mi niño de 5 meses para evitar problemas al llegar. Subimos, hasta donde nos dejó la organización. Allí dejé a mi mujer con mi hijo, mientras yo volvía a bajar para aparcar (en eso, me pareció estar relativamente bien organizado). Al volver a subir, ya andando, me encuentro con la noticia de que no dejan vender banderas de España con el Sagrado Corazón, por su implicación política, mientras si se dejan vender a otros, camisetas de con el Sagrado Corazón y la leyenda "Reinaré". Y lo "mejor" de todo, instrucción de los representantes de la organización allí presentes de plegar las banderas de España con el Sagrado Corazón, que amigos de Madrid y el resto de España portaban identificando, lo que parece ser nada tenía que ver con el acto, España y el Sagrado Corazón. Con la misma, y previo aviso a quien correspondía, recogí a mi mujer y mi hijo, me largué de allí, a asistir a misa tranquilamente, oficiada por un sacerdote amigo. Era preferible a quedarse en un sitio, donde a uno no lo querían y ademas te provocaban el faltar a la caridad o algo peor. Una lástima.Más comentarios:

...Hoy, 21 de junio de 2009, he asistido a la “Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús” en el Cerro de los Ángeles y no menos de media docena de responsables/auxiliares de la organización del acto han pretendido que las banderas que portaba mi grupo de familiares y amigos desaparecieran. Eran banderas sin ningún tipo de escudo o con un Sagrado Corazón a modo de él, dicho sea para los suspicaces. En algún otro punto del espacio interno de la verja que rodea al monumento, otras banderas similares, incluso las situadas a tres metros de las cabezas de los fieles asistentes (estaban sujetas en el extremo de telescópicas cañas de pescar) han sido mansamente arriadas, mientras que sombrillas, paraguas, banderas blancas de asociaciones religiosas y pequeñas pancartas alusivas a la familia cristiana impedían la vista a parte del público.
Los argumentos de que no era verdad la excusa de “no dejar ver”, pues no se exigía el “arriar” paraguas, sombrillas y demás objetos elevados, no hacían mella en los encargados de transmitir la consigna, instigados, sin duda, por alguien que les exigía la desaparición del símbolo de esa España que se volvía a consagrar, con muchísima menos Fe, nula asistencia de la Monarquía y de Autoridades, y algo menos de la cuarta parte de los obispos con sede episcopal, eméritos y demás. Eso sí, a alguno pude leer en sus ojos que le calaba el argumento de que mentir es pecado, y que era mentira lo de la visibilidad, pues no reclamaban que se cerraran las sombrillas. Además, si tanto les preocupaba la visibilidad a los organizadores, podían, e incluso deberían, haber utilizado la explanada elevada que hay al pié del monumento, donde, por cierto, pululaban con poca atención y respeto, miembros diversos de esas “asistencias” (protección civil, cruz roja, voluntarios, etc) y público enchufado que siempre dan la nota en cualquier acto (incluso religioso). Pero es que, además, alguno de aquellos lobotomizados y obedientes encargados del “orden”, al hacerle ver que era un acto eminentemente referido a España donde no podía sobrar su bandera, dijo, sin duda repitiendo la teórica repetidamente escuchada, que “el venía allí para la consagración del Mundo al Sagrado Corazón”, quedándose tan fresco...
La devoción al Sagrado Corazón de Nuestro Redentor, tan rica en valor teológico y espiritual, no tiene sólo una dimensión individual, sino que su profunda verdad se desborda también en significación política. El augusto misterio del misericordioso Corazón humano del Verbo encarnado no encierra sólo el secreto de la felicidad individual, sino que, como no podía ser de otro modo, ese misterio confirma todo lo que la fe y la razón nos enseñan sobre la criatura humana: que ha sido creada libre y social al mismo tiempo y por lo tanto, no hay remedio, ni espiritual ni material, que beneficie verdaderamente al hombre singular que no tenga un alcance y una misión para toda la sociedad humana.
Así pues, como no hay verdadera esperanza para cada uno de los hombres fuera de las entrañas misericordiosas de Nuestro Señor Jesucristo, así tampoco hay esperanza ninguna para las sociedades que como tales no se someten y confían a los cuidados del Sagrado Corazón de Jesús.
Por lo cual, plugo al Cielo revelar progresivamente a su pueblo la necesidad de que las sociedades, las familias y los individuos se consagrasen al Sacratísimo Corazón del Salvador, primero para dar la gloria debida al Nombre de Dios y, además, como remedio indispensable para el bien de las almas y para el bien común temporal de los pueblos.
Durante la Edad Media, esta devoción se consolidó, y escogidas almas fueron providenciales para este desarrollo, tales como Santa Gertrudis, Santa Matilde o la Beata Ángela de Foliño. En el siglo XVII, Dios quiso dar un particular impulso a esta verdad salutífera con los mensajes a Santa Margarita María de Alacoque. En el siglo siguiente, el mismo Jesucristo manifestó a Bernardo Hoyos S.I.: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes».
La omnisciencia de la Santísima Trinidad conocía los derroteros de enfriamiento de la fe que esperaban a los reinos cristianos y, con providencia infinita, dispuso ofrecernos anticipadamente el remedio para los males que nos aguardaban.
El 16 de enero de 1875, Su Santidad Pío IX pidió a los gobernantes que se consagrase el universo cristiano al Sagrado Corazón de Jesús. En plena guerra, el Rey y el pueblo carlista cumplieron fielmente con los deseos del Romano Pontífice en varios lugares de España y, con particular solemnidad y con presencia del Rey Don Carlos VII, en Orduña.
Más adelante, su hermano, el Rey Don Alfonso Carlos, que incluso se había anticipado en 1873, cuando era aún Infante, en el Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, a hacer la consagración del Ejército de Cataluña y Aragón, en su Declaración de 3 de junio de 1932 dijo: «Yo, en mi firme voluntad, en este día en que la Iglesia celebra la fiesta del Deífico Corazón, prometo solemnemente que, si la Divina Providencia dispone que sea yo llamado a regir los destinos de España, será entronizado el Sagrado Corazón de Jesús en el escudo nacional, siendo colocado sobre las flores de lis de la Casa de Anjou y entre los cuarteles de Castilla y León, bajo la Corona Real».
Finalmente, el Rey Don Javier, en 1966 renovó en el Cerro de los Ángeles la Consagración de España al Sagrado Corazón, ante el nuevo monumento levantado tras la Cruzada de Liberación.
Cuarenta y cuatro años después de que el Rey Don Carlos VII ya hubiera consagrado oficialmente los reinos de las Españas al Sagrado Corazón, en 1919, el entonces ocupante material del trono, Alfonso, llamado XIII, realizó un acto de consagración de España al Sagrado Corazón ante el monumento erigido al efecto en el Cerro de los Ángeles. Precisamente en conmemoración de este acto la diócesis de Getafe ha convocado una «renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús» para el domingo 21 de junio. Ante lo cual, esta Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se ve en la obligación de realizar algunas puntualizaciones:
1) No puede dudarse la conveniencia y aun la obligatoriedad de aprovechar el remedio celeste de la consagración de los individuos, de las familias y de las sociedades al Sacratísimo Corazón de Jesús;
2) En tal sentido, la Comunión Tradicionalista no puede sino compartir y aplaudir la piadosa intención del acto convocado para el próximo 21 de junio en el Cerro de los Ángeles;
3) Eso no obstante, conviene recordar que si se quería conmemorar y renovar la Consagración de España al Sagrado Corazón, no ha sido feliz la fecha escogida como referencia.
4) El acto de 30 de mayo de 1919, en el que el entonces Jefe del Estado, Alfonso, leyó una solemne declaración a los pies de la imagen del Sagrado Corazón, fue un acto cuanto menos equívoco. Mientras el régimen político por él encabezado, en su política interior y exterior, se desentendía de los derechos exclusivos de Nuestro Señor Jesucristo en el orden político, dicho Jefe del Estado se aprestaba a realizar un gravísimo acto delante de Dios que le exigía conformar sus acciones a sus palabras. Sin embargo, si la consagración se hizo, la política de Alfonso no varió, sirviendo —forzoso aunque doloroso es decirlo— ese acto de consagración como cebo con el que engañar a muchos católicos incautos.
5) Por todo lo cual, no se puede dudar que aquel acto de 1919, en cuanto a la intención de la mayoría, fue un verdadero acto de religión, pero en su naturaleza objetiva fue un grave sarcasmo. Como el mismo Redentor nos enseñó, es posible mostrar piedad con los labios y traicionar real y objetivamente la voluntad de Dios (cfr. Mt. 7, 21).
6) Por último, la Comunión Tradicionalista reitera su unión con todos los católicos españoles que desean que España vuelva a ser consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, para mayor gloria de Él y salud nuestra. Por esa misma razón nos preocupa que un acto tan necesario se vea desvirtuado. Recordamos que la consagración de España es un acto plenamente político, aun cuando su finalidad sea el cumplimiento de un deber social de religión. Además, su efecto secundario, el bien común temporal, es de naturaleza también netamente política. Por todo ello, toda la buena voluntad de los obispos y particulares que se encuentren en el Cerro de los Ángeles el día 21 no puede subsanar el defecto de la ausencia de un gobernante político capaz de realizar esa ofrenda. Ni todos los obispos juntos, ni mucho menos un pequeño grupo de ellos están capacitados para consagrar España a Dios, tarea que sólo pertenece a quien con un mínimo de legitimidad ostente el gobierno de la patria. Finalmente, la referencia doctrinal, que en todo caso no debiera ser sino a la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo, parece ausente mientras se desenvuelve —a juzgar por las convocatorias y declaraciones hasta ahora hechas públicas— en los parámetros, cuanto menos equívocos, de la laicidad, aunque venga apodada de positiva, que remiten paradójicamente al liberalismo, precisamente la contrafigura de lo que representa la espiritualidad del Sagrado Corazón.
En virtud de todas las consideraciones precedentes, la Comunión Tradicionalista declara que se adhiere a la intención y a las aspiraciones de los convocantes de poner nuestra patria en el refugio del Sagrado Corazón, pero advierte de la imposibilidad de que ese acto tenga la virtualidad propia de una consagración, menos aún a la vista de algunas de las claves doctrinales que se vislumbran, y por lo tanto pide a sus miembros que se consagren personal y familiarmente al Sagrado Corazón, pero que no participen físicamente en el acto del 21 de junio para evitar una confusión más que probable. De igual modo recuerda a todos los que considerándose carlistas se han apresurado a adherirse incondicionalmente a la mencionada convocatoria, que los puntos doctrinales aquí referidos son ineludibles y no deben comprometerse.
Quiera Dios bendecir nuestros esfuerzos en aras a la restauración de un poder político legítimo en las Españas, paso previo necesario para renovar esa tan necesaria consagración. A todos los españoles, pues, que ven el remedio para los males de la patria exclusivamente en el dulce Corazón de Jesús, les intimamos a compartir nuestro empeño y a luchar por la instauración de un orden social cristiano.
Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Madrid, 19 de junio de 2009. Festividad del Sagrado Corazón de Jesús.
por Mons Michel Schooyans
1) El 4 de marzo de 2009, una niña de 9 años fue abortada en Recife. Ella fue violada por su padrastro y esperaba mellizos. Ni la madre ni los dos niños estaban en peligro de muerte. Don Cardoso, Arzobispo de Recife, había hecho todo lo que podía para impedir el doble aborto. En vano. Mal informado, el Arzobispo Rino Fisichella (RF) reprocha a su colega de Recife de haberle faltado compasión y de haber excomulgado a los autores del doble aborto. Su artículo, publicado en el Osservatore Romano del 15 de marzo, continúa a alimentar una polémica de una extrema gravedad.
2) El argumento central de RF es que el doble aborto estaba justificado por la compasión para con la niña, y por compasión para con los médicos que ejercieron su libertad de elección. RF no recomienda la compasión para con los mellizos abortados. Constatemos simplemente que RF admite aquí el aborto directo.
3) Don Cardoso fue sostenido por el Cardenal Re, por
4) Dos preguntas restan sin respuesta. ¿El texto de RF fue sometido previamente a la SCDF? RF mismo afirma que « l’articulo è stato scritto su richiesta ». ¿Por pedido de quién ? Algunos insinúan que sería por pedido de
5) El artículo de RF aporta objetivamente una temible caución a todos los que, en América latina (Brasil, Santo Domingo, etc.) y en otras partes, hacen campaña con vistas a legalizar el aborto, con el apoyo del Presidente Obama, de
6) Frances Kissling, presidenta de honor de las Catholics for Choice, comprendió perfectamente lo que está en juego en este caso. A ella le encanta ver que un funcionario del Vaticano, de alto rango, se aleje de la posición de
7) Lo que está en peligro, es la fidelidad a la moral natural y a la moral cristiana sobre el respeto de la vida. La moral expuesta en el artículo de RF es una moral de la situación. Según él, los principios morales deben ser tomados en consideración con tal que sea respetada la libertad de elección frente a las situaciones concretas. Estamos en pleno relativismo.
8) Frente a las turbulencias provocadas por el artículo del Presidente de
Louvain-la-Neuve, mayo de 2009.
michel.schooyans@uclouvain.be
NOTA IMPORTANTE:
Olinda/Madrid, 16 junio 2009. En relación con los rumores que han circulado en los últimos días, se ha hecho pública la siguiente nota de la Secretaría del Arzobispado de Olinda y Recife: "Informamos que el Arzobispo de Olinda y Recife ya declaró, varias veces, que no tiene intención de presentar recurso canónico contra S.E. Mons. Fisichella. Don José Cardoso sólo desea y espera que el periódico L'Osservatore Romano publique su respuesta al artículo firmado por Mons. Fisichella, a fin de que todos los lectores de dicho periódico conozcan la verdad".
1. Institución de esta Fiesta
La fiesta propia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía es el Jueves Santo, o día de su institución por Cristo. Aquella noche: Habiendo amado Jesús a los suyos que estaban en el mundo, al fin les amó extremadamente (Jn 13,1). Y para dejarles una prenda de este su admirable amor, viendo que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre (Jn 13,1) y queriendo permanecer con ellos siempre hasta la consumación del mundo (Mt 28,20), realizó con inefable sabiduría un misterio que trasciende toda humana posibilidad y comprensión. Celebrada con sus discípulos la cena del cordero pascual, Jesús tomo el pan y después de dar gracias, lo bendijo, lo partió y dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros... Asimismo después de cenar tomó el cáliz, diciendo: Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre, cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía.
Pero a aquel Jueves de Gloria sigue el Viernes de la Pasión y de la Muerte de Cristo. Por eso la Iglesia traslada la solemnidad de dicha fiesta al día de hoy. Su origen se remonta al s.XIII y el Papa Urbano IV la extendió a la Iglesia universal. A causa de su procesión del Santísimo Sacramento, muy pronto se convirtió la fiesta del Corpus en una de las más gratas al pueblo cristiano. Durante siglos se celebró el Jueves después del domingo de la Santísima Trinidad hasta que en nuestros días, como una manifestación más de la pública apostasía de las naciones y de la tibieza de los católicos ha sido trasladada -esperemos que por poco tiempo- a este domingo, gesto que le ha hecho perder no poco de su carácter y que desdibujado en la piedad cristiana la fuerte identidad de este día.
2. Decadencia del Culto eucarístico en nuestros días
Desde los primeros tiempos, la Eucaristía no ha sido una posesión pacífica para la Iglesia; también aquí se ha cumplido la profecía de Simeón: Puesto está... para blanco de contradicción y las propias palabras de Cristo: no he venido a traer paz, sino guerra («Duras son estas palabras ¿quién puede oírlas?», Jn 6,60ss). Pero quizás nunca como en nuestros días se puede hablar de una auténtica crisis en la vida eucarística de la Iglesia, de la que encontramos numerosos indicios:
— Un debilitamiento de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía que ha llevado a descuidar la práctica de las normas acerca de las condiciones en que se ha de recibir la Comunión: «cada vez son más numeroso los fieles que no tienen inconveniente en comulgar con relativa frecuencia y, sin embargo, no suelen acercarse al Sacramento de la Penitencia» (CEpEs, 4-marzo-1999).
— Una gravísima disminución y en ocasiones la total desaparición de la adoración al Santísimo y de las formas de culto eucarístico fuera de la celebración de la Santa Misa; el olvido del silencio y la veneración ante su augusta presencia.
— La degradación de lo sagrado que reduce la celebración de la Santa Misa a una conmemoración de la Cena del Señor, con un silenciamiento de su naturaleza esencialmente sacrificial y con la acentuación unilateral de una celebración de amistad y alegría. Esas Misas tan bonitas que veis en la televisión o en otras parroquias y en las que se pisotea el sentido de lo sagrado y se vulnera el deseo expreso de la Iglesia: «nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia» (SC 22).
3. Único remedio: la fe de la Iglesia en la Eucaristía
La Eucaristía está íntimamente ligada a la vida de la Iglesia: En la Santa Misa hace presente la Iglesia sobre sus altares el sacrificio de Cristo, fuente de nuestra redención y por la santa comunión se unen los fieles a Cristo y transforman su vida en la de Él; nacidos a la vida de la gracia en las aguas del bautismo, se alimentan de la Eucaristía con un pan celestial, un alimento espiritual.
Por eso cualquier detrimento en la vida eucarística de la Iglesia se traduce automáticamente en una crisis en todos los aspectos de su vida. Cuantas veces lamentamos ver a nuestras familias sin hijos, a nuestros seminarios y casas religiosas sin vocaciones y a nuestras iglesias sin conversiones... Pero no se puede uno extrañar de los efectos y seguir sin poner remedio ante las causas. Y seguramente, no es de las menos importantes esta pérdida de la fe en el misterio de la Eucaristía tal y como la ha confesado la Iglesia en su tradición secular y la ha expresado en su liturgia tradicional.
Por el contrario, pidamos hoy para siempre la gracia de una fe eficaz en el misterio de la Santísima Eucaristía que nos lleve a reconocer a Jesucristo oculto bajo las apariencias de pan y vino, a descubrirle presente en el Santísimo Sacramento del Altar; a confesar que en la Sagrada Hostia está el mismo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, con su Cuerpo, sangre, alma y Divinidad... Y que esta fe oriente de tal manera nuestra vida que, al morir, podamos contemplarle eternamente en la gloria.
