«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas» (Donoso Cortés).

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sábado, 28 de febrero de 2015

II Domingo de Cuaresma: 1-marzo-2015

Rito Romano Tradicional

Evangelio


Mt 17, 1-9: Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.» Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»

Reflexión

Ante tres testigos elegidos por Él (Pedro-Santiago y Juan), el cuerpo de Cristo se transformó y aparecía radiante de luz y de belleza: “su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz”. Esta luz no estaba sobre Él, sino que se desprendía de Él. no se posaba sobre Jesús como un rayo procedente de lo alto, salía, fluía de Él.

El alma de Cristo, unida al Verbo, gozaba de la visión beatífica de Dios, cuyo efecto connatural es la glorificación del cuerpo. Sin embargo, para llevar a cabo la obra de la redención, impedía que la gloria que invadía su alma redundase en su cuerpo. En la transfiguración permitió que aquella gloria se manifestase en su vida corporal.

1. Aliento en la lucha.
Estudiando la liturgia del segundo domingo dentro del marco general de la Cuaresma advertimos su aptitud para fortalecernos y vigorizarnos en el combate y en la austeridad.

1.1. En el Domingo último se nos presentaba la figura austera de Cristo, cuya imitación en Cuaresma se hace necesaria para no desoír la invitación del Apóstol: “Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2Cor 6,1).

1.2. La Iglesia da un nuevo impulso a sus fieles presentando a Cristo no ya austero, sino glorioso y diciéndonos: “Escuchadle” (Mt 17,5) porque “la voluntad de Dios es vuestra santificación en Cristo Jesús” (1Tes 4,3).

1.3. En el primer domingo se nos presenta Cristo modelo. Hoy Jesucristo fin. Allí nos movía la fe; aquí la esperanza. La esperanza de nuestra transformación en Cristo, que es doble: en esta vida y en la otra, si bien ambas relacionadas entre sí, porque la primera es medio indispensable para la segunda.

2. Nuestra tranformación en Cristo durante esta vida

2.1. Es voluntad de Dios. Las palabras de S.Pablo: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”, se refieren a una transformación en Cristo.

2.2. Conocimiento de Cristo. Para que esta transformación sea posible hemos de conocer la figura y la vida de Cristo y la razón de todo cuanto Él ejecutó mientras vivió en la tierra. Es esto lo que S.Ignacio llamaba conocimiento interno, el Escuchadle del Evangelio: escuchar a Cristo, mediante la imitación de su vida, por el abrazo de la cruz y los sufrimientos.

2.3. Esta transformación es obra de Dios:
a) Se comenzó por el Bautismo: “cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido de Cristo” (Gal 4,27) 
b) Se aumenta y se perfecciona mediante la Eucaristía: “El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí yo en él...; el que me come vivirá por mí” (Juan 6,56-57).
c) A esta transformación se ordenan todas las gracias actuales y auxilios de Dios nuestro Señor.

2.4. Pero la cooperación del hombre es necesaria y consiste en:
a) El conocimiento de nuestra nada; nuestra humillación ante Dios.
b) Petición confiada ante Dios.
c) El amor a los preceptos divinos y la práctica de los mandamientos.

3. Anticipo de nuestra transformación gloriosa

3.1. Si cooperamos a la obra de Dios durante esta vida, viviremos transformados en Cristo. Esta transformación será un anticipo de la definitiva en el cielo.

3.2. Podemos actualizar hoy la transfiguración. Sobre el ara del altar aparece Jesucristo glorioso, el mismo del monte de la Transfiguración (=Tabor), si bien envuelto en los humildes accidentes del pan y del vino. Cada Misa es un Tabor y una Transfiguración. Nos habla de la transformación que nos aguarda en el cielo.

3.3. Y desde el altar, el Padre, como en el Tabor, nos repite: “Escuchadle”, escuchad a mi Hijo; seguidle en la vida de humildad y cruz en la tierra, en la imitación de todas sus virtudes, para que un día le contempléis transfigurado en el cielo.

Fuente: Verbum Vitae, Tomo III, BAC.

sábado, 21 de febrero de 2015

I Domingo de Cuaresma: 22-febrero-2015

Rito Romano Tradicional


Evangelio


Mt 4, 1-11: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Mas él respondió: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: Todo esto te daré si postrándote me adoras. 1Dícele entonces Jesús: Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto. Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

Reflexión

 

I. En el primer domingo de Cuaresma, la Liturgia presenta los dos extremos en los que se mueve la Historia Sagrada: el pecado del hombre y la redención de Cristo.

Por el pecado original de nuestros primeros padres, Adán y Eva, entró el pecado en el mundo; por Jesucristo ha entrado la gracia y la salvación. Por el Bautismo, fuimos incorporados a Jesucristo: “Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios” (2ª Lect.).

II. La Cuaresma nos recuerda que la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte se consumará en la Cruz, el Viernes Santo.

Pero podemos decir que el combate se inicia ya en las tentaciones en el desierto que nos relata hoy brevemente el Evangelio de San Marcos. Allí Jesús, antes de empezar su vida pública, será sometido a la prueba de tres tentaciones contra la sumisión, la obediencia y la adoración que se deben solo a Dios.

Jesús no podía sentir, como nosotros, ninguna inclinación al pecado, por eso la tentación no tiene ningún efecto y la resistió fácilmente. Pero quiso someterse a ellas para servirnos a nosotros de ejemplo: “para hacerse semejante a los demás hombres en todas las miserias que no son culpa… y con la victoria de sus tentaciones nos enseñase a vencer las nuestras y nos diese ánimo y esfuerzo para vencerlas” (padre Lapuente).

III. El cristiano es el discípulo de Jesucristo, hijo de Dios por el Bautismo y también tendrá que enfrentarse a la tentación, del demonio, del mundo, de sus pasiones, de los malos ejemplos… Para vencerlas tenemos que seguir el ejemplo que nos da Cristo: el secreto de su triunfo se halla en el desierto y en la oración.

Jesús se retiró al desierto para orar y hacer vida de penitencia. Éstas son las cosas que nos recomienda la Iglesia durante este santo tiempo de Cuaresma:

― Oración: recogimiento, separación del espíritu del mundo, recordar con frecuencia las verdades eternas que de un modo especial se predican en este tiempo, a fin de tener muy presente la eternidad que nos espera y asegurarla con la oración perseverante.
― Penitencia para remover el único impedimento de nuestra salvación, que es el pecado; mortificando nuestros sentidos que, con tanta frecuencia, nos hacen caer en la tentación; procurando la contrición del corazón, mediante la consideración de la Pasión de Jesús, causada por nuestros pecados; purificando nuestra conciencia con una sincera confesión de nuestras culpas y comenzando una vida cada vez más coherente con nuestra condición de cristianos.

A esto nos invita el tiempo de Cuaresma que ahora comenzamos: en unión con la Virgen María, vamos a retirarnos con frecuencia al “desierto” de la oración y la penitencia y recibiremos la luz y gracia de la salvación.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Miércoles de Ceniza: 18-febrero-2015

Rito Romano Tradicional

Notas Litúrgicas 

La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

Para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno ,y la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que da ordinario, 3ª, oír la palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión pascual.

(Del Catecismo Mayor de San Pío X).

Evangelio


Mt 6, 16-21: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando ayunéis, no estéis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que los hombres no se den cuenta de que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. No atesoréis en la tierra, donde la polilla y el orín corroen y donde los ladrones socaban y roban. Atesorad, más bien, en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socaban ni roban; porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón".

Reflexión


I. La invitación de la Iglesia.
La Liturgia nos presenta una solemnísima invitación tomada del profeta Joel en la Epístola del Miércoles de Ceniza: "Tocad la trompeta en Sión; promulgad ayuno; pregonad asamblea; reunida al pueblo; ordenad congregación; convocad a los ancianos; reunid a los niños; aun los que cuelgan de los pechos" (Joel 2,15-16). La Iglesia nos exhorta con esta invitación a ir al desierto con Cristo. "Dice Yavé: Convertíos a mí de todo corazón en ayuno, en llanto y en gemido" (Joel 2,12).

II. Características de nuestra conversión en la Cuaresma.
2.1.El arrepentimiento de los pecados. Idea repetida con frecuencia en toda la liturgia de la Misa cuaresmal. 
2.2.La austeridad de vida. Como Cristo en el desierto, hemos de vivir este tiempo aislados del mundo, en ayuno y mortificación. 
2.3.La caridad, sin ella no agradaría a Dios ni la austeridad ni el ayuno.

"¿A qué ayunar si Tú no lo ves?... En el día de ayuno os vais tras vuestros negocios y oprimís a vuestros servidores? Ayunáis para mejor reñir y disputar... No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se oiga vuestra voz... ¿Sabéis que ayuno quiero yo?, dice el Señor, Tavé. Romper las ataduras de iniquidad; deshacer los haces opresores; dejar ir libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir su pan con el hambriento; albergar al pobre sn abrigo; vestir al desnudo, y no vuelvas tu rostro ante tu hermano... Entonces brillará tu luz como la aurora y se dejará ver pronto tu salvación" (Is 58, 3ss).  

III. Programa Cuaresmal en S.Pablo.
3.1.S.Pablo nos pide la conversión interior para que la gracia de Dios fructifique en nosotros: (2Cor 6,1).
3.2.Esta conversión fundamentalmente consiste en dos partes, una negativa y otra positiva: "En nada demos motivo alguno de escándalo" (2Cor 6,3). "Mostrémonos en todo como ministros de Dios" (2Cor 6,4).
3.3.Y señala a continuación diversos aspectos en los que se hace necesario nuestro buen ejemplo: los sufrimientos, la austeridad, la caridad y la pureza de vida.

IV. Tentaciones y asaltos del enemigo.
4.1.No hay que olvidar que cuando el alma se entrega más a los ejercicios de piedad y vida interior, suelen ser más frecuentes los asaltos del enemigo. Sto.Tomás dice que el diablo tienta más a uno cuando estás solitario, porque tiene envidia de los que tienen a lo que hay más perfecto.
4.2.Si, pues, la Cuaresma se intensifica la oración y el sacrificio debe prepararse el alma para las tentaciones y la lucha. Si el Evangelio nos invita a ir al desierto con Cristo, nos enseña también que, como Cristo, seremos tentados.

V. Confianza.
5.1.En la protección y ayuda de Dios. Por eso el tono general de la Misa del Primer Domingo de Cuaresma es de confianza en la protección y ayuda divina. Después de la Epístola se lee gran parte del salmo 90, bello canto a la protección que Dios dispensa a quienes en Él se refugian. 5.2.Confianza en Jesucristo. El miembro de Cristo que forma parte del Cuerpo místico está íntimamente adherido a su Cabeza y de ella recibe su influjo y su vida. El cristiano, a través del desierto cuaresmal, vive con Cristo y en Cristo. Ayuna con Cristo y es tentado con Cristo. Todo lo bueno y perfecto será posible a quien, de esta forma, está unido con Él.

FUENTE: Verbum Vitae, BAC

sábado, 14 de febrero de 2015

Domingo de Quincuagésima: 15-febrero-2015

Rito Romano Tradicional

Notas Litúrgicas 

En este tiempo, aun más que en otro cualquiera, se ven tantos desórdenes en algunos cristianos por la malignidad del demonio, que queriendo contrariar los designios de la Iglesia, hace los mayores esfuerzos para inducir a los cristianos a que vivan según los dictámenes del mundo y de la carne.

Para conformarnos con los designios de la Iglesia en tiempo de Carnaval hemos de apartarnos de los espectáculos y diversiones peligrosas y atender con mayor cuidado a la oración y mortificación, haciendo alguna visita extraordinaria al Santísimo Sacramento, mayormente cuando está expuesto a la pública adoración; y esto para reparar tantos desórdenes con que Dios, en este tiempo es ofendido..

(Del Catecismo Mayor de San Pío X).

Evangelio


Lc 18, 31-42: En aquel tiempo, Jesús llevó aparte a los doce y les dijo: "Mirad, vamos a Jerusalén y se va a cumplir todo lo que escribieron los profetas sobre el hijo del hombre. Lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, lo insultarán, lo escupirán y, después de azotarlo, lo matarán; pero al tercer día resucirará". Ellos no entendieron nada de todo esto, pues eran palabras oscuras para ellos y no entendían su significado.
Cuando se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al lado del camino pidiendo limosna. Al oír pasar a la gente, preguntó qué era aquello. Y le dijeron: "Es que pasa Jesús de Nazaret". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!". Los que iban delante lo reprendieron para que callase, pero él gritaba con más fuerza: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!". Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando se acercó, le preguntó: "¿Qué quieres que te haga?". Y él le contestó: "Señor, que vea". Jesús le dijo: "¡Ve! Tu fe te ha salvado". Y al instante recobró la vista y lo siguió dando gracias a Dios. Todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios..

Reflexión

Tras el anuncio de la Pasión, el Evangelio de este Domingo nos relata el paso de Jesús por la ciudad de Jericó y la curación de un ciego, que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.

Aquel hombre vivía en la oscuridad pero siente unas ansias de luz, de curación, que pueden más que los obstáculos: aunque muchos le reprendían para que callase, él no les hace el menor caso y gritaba mucho más. Finalmente, Jesús le dice: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante vió y le seguía.

El ciego del Evangelio es para nosotros un modelo de fe. Para creer sin titubear, para permanecer fieles a Dios en las adversidades o en las luchas, se precisa una fe sólida y robusta.

La Sagrada Escritura nos habla de una fe muerta, que no salva, que se manifiesta en acciones llevadas a cabo a espaldas de la fe, en una falta de coherencia entre lo que se cree y se vive.

Nosotros, por el contrario necesitamos una fe firme que nos lleve a alcanzar metas que están por encima de nuestras fuerzas y que allane y supere los obstáculos por eso necesitamos pedir como hicieron los apóstoles: Señor, auméntanos la fe.

Pensemos, por último que en todas las circunstancias de nuestra vida, solamente con la luz de la fe es posible: reconocer siempre y en todo lugar a Dios, buscar su voluntad en todos los acontecimientos y juzgar sobre el verdadero valor de las realidades temporales en orden al último fin sobrenatural del hombre. A la luz de la fe, como dirá San Pablo: “omnia in bonum - Todo es para bien” (Rm 8, 28), expresión de genuina esperanza cristiana.

sábado, 7 de febrero de 2015

Domingo de Sexagésima: 8-febrero-2015

Rito Romano Tradicional

Notas Litúrgicas 

Se llaman domingos de septuagésima, sexagésima y quincuagésima el séptimo, sexto y quinto domingo antes del de Pasión.

La Iglesia, desde el domingo de septuagésima hasta el Sábado Santo, omite en los divinos oficios el Aleluya, que es voz de alegría, y usa ornamentos morados, que es color de tristeza, para alejar con estas señales de tristeza a los fieles de las vanas alegrías del mundo e inculcarles el espíritu de penitencia.

En los divinos oficios de la semana de septuagésima, la Iglesia nos representa la caída de nuestros primeros padres y su justo castigo; en los de sexagésima, el diluvio universal, enviada por Dios para castigo de los pecadores, y en los tres primeros días de la semana de quincuagésima, la vocación de Abraham y el premio dado por Dios a su obediencia y a su fe.

(Del Catecismo Mayor de San Pío X).

Evangelio


Lc 8, 4-15: En aquel tiempo se reunía mucha gente en torno a Jesús y al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y al crecer se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y al crecer dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga.
Entonces le preguntaron sus discípulos: ¿Qué significa esta parábola? Y Él les respondió: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por el momento creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre las zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y bueno escuchan la Palabra, la guardan y perseveran hasta dar fruto.

Reflexión


I. El significado de la parábola del sembrador fue explicado por el mismo Jesucristo a sus discípulos

- La semilla es la Palabra de Dios. Así como la semilla contiene un germen que se desarrolla y produce la planta que, a su vez, da fruto; la palabra de Dios hace que en nuestras almas nazcan las virtudes y den fruto de buenas obras.
- El sembrador es el mismo Jesucristo. Son sus Apóstoles y sus sucesores, los obispos y sacerdotes a quienes dijo: Enseñad a todas las gentes, predicad el Evangelio.

II. La parábola pone el acento en quienes oyen la Palabra de Dios pero no produce el fruto debido porque no encuentra una acogida con las debidas disposiciones.

Pero también podemos preguntarnos por la “calidad” de la semilla que se nos ofrece y que en muchas ocasiones, ni es la Palabra de Dios ni el sembrador es Jesucristo. Por eso no da fruto.

No sólo porque circulan con ligereza opiniones dispares sino porque, según estiman muchos, falla la orientación de no pocos pastores. En el seno de numerosos grupos, desde publicaciones y cátedras y a veces desde la misma enseñanza sacerdotal se vierten, como doctrina de la Iglesia, ideas contrarias a la misma y, al parecer, sin una desautorización eficaz.

La pregunta es ¿Hay criterios, avalados por la jerarquía de la Iglesia, para orientarse en medio de la confusión, incluso cuando la confusión parece afectar a algunos pastores?

Como no se trata de que cada uno actúe a su antojo, con libre examen, el criterio será referir cualquier afirmación que se haga a una serie de puntos fijos que son las verdades de fe y los principios morales, propuestos y declarados por el magisterio supremo de la Iglesia: el Papa y el episcopado universal. Es importante recordar que estos puntos vinculan a los mismos pastores.

Si hay quien siembra el desconcierto, debemos defender nuestra fe y para ello es fundamental conocer los documentos que sirven de fundamento a esa fe:

- No hay por qué aceptar nada que sea disconforme con lo enseñado en ellos.
- Si alguien dice cosas que parezcan diferentes, es posible que no hayamos entendido bien pero el que las dice está obligado e conciencia a mostrar su conformidad con la tradición de la Iglesia.
- Si alguno en nombre del catecismo “de ahora” se atreve a proponer lo contrario a las verdades de fe y moral contenidas en el catecismo de antes, por mucho que apele al Concilio, se le debe resistir en nombre del Concilio y de la verdadera autoridad de la Iglesia.

III. Escuchemos la palabra de Dios:

– Con deseo de aprovechar
– Reflexionar sobre lo que hemos oído
– Apartar de nuestra vida todo aquello que nos separa de Dios.

Así sacaremos mucho fruto de la palabra de Dios y el Señor nos dará la gloria eterna cuando a la hora de la muerte nos presentemos ante su Tribunal para ser examinados.