Opinión invitada
No es la hora del reproche, del “yo tenía razón”, o del tan manido como insultante “ya te lo había dicho”. Es la hora de la unidad, de la humildad y la templanza, pero también de la verdad y la firmeza, de dejar las cosas claras e identificar los errores y sus responsables, para evitar caer nuevamente en los mismos.Esta situación, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, nos abre un mundo de esperanza al haber evitado que se cometiera un gravísimo error, un escándalo, que hubiera dado carta de naturaleza de por vida al execrable crimen del aborto. La desesperanza no es cristiana, debemos estar llenos de esperanza y convertir esta situación en lo que es: la oportunidad provida, pero desde el rigor.